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desmontar la maquinaria

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze, Felix Guattari


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la mirada indescriptible de los mortalmente heridos

sobreabundancia y sobriedad

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miahabanemia

La Habana puede demostrar que es fiel a un estilo. Sus fidelidades están en pie. Zarandeada, estirada, desmembrada por piernas y brazos, muestra todavía ese ritmo.Ritmo que entre la diversidad rodeante es el predominante azafrán hispánico. Tiene un ritmo de crecimiento vivo, vivaz, de relumbre presto, de respiración de ciudad no surgida en una semana de planos y ecuaciones. Tiene un destino y un ritmo. Sus asimilaciones, sus exigencias de ciudad necesaria y fatal, todo ese conglomerado que se ha ido formando a través de las mil puertas, mantiene todavía ese ritmo. Ritmo de pasos lentos, de estoica despreocupación ante las horas, de sueño con ritmo marino, de elegante aceptación trágica de su descomposición portuaria porque conoce su trágica perdurabilidad.Ese ritmo -invariable lección desde las constelaciones pitagóricas-, nace de proporciones y medidas. La Habana conserva todavía la medida humana. El ser le recorre los contornos, le encuentra su centro, tiene sus zonas de infinitud y soledad donde le llega lo terrible.

Lezama

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November 17, 2009

Milan Kundera

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 LA SOMBRA CASTRADORA DE SAN GARTA

1

En el origen de la imagen de Kafka, hoy compartida más o menos por todo el mundo, hay una novela. Max Brod la escribió inmediatamente después de la muerte de Kafka, y la publicó en 1926. Saboreen el título: El reino encantado del amor. Esta novela clave es una novela en clave. En su protagonista, el escritor alemán de Praga llamado Nowy, reconocemos el autorretrato halagador de Brod (adorado por las mujeres, envidiado por los literatos). Nowy-Brod le pone los cuernos a un hombre que, mediante malvadas intrigas muy rebuscadas, consigue llevarlo a la cárcel durante cuatro años. Nos encontramos de golpe en una historia tramada con las más inverosímiles coincidencias (los personajes, por pura casualidad, se encuentran en alta mar en un barco, en una calle de Haifa, en una calle de Viena), asistimos a la lucha entre los buenos (Nowy y su amante) y los malos (el cornudo, tan vulgar que merece serlo, y un crítico literario que vapulea sistemáticamente los hermosos libros de Nowy), nos conmueven los melodramáticos cambios de situación (la protagonista se suicida porque ya no puede soportar la vida entre el cornudo y el que le pone los cuernos), admiramos la sensibilidad del alma de Nowy-Brod que se desmaya por cualquier cosa.

Esta novela habría sido olvidada antes de que se escribiera de no estar el personaje de Garta. Porque Garta, amigo íntimo de Nowy, es el retrato de Kafka. Sin esta clave, este personaje sería el menos interesante de toda la historia de las letras; está caracterizado como un «santo de nuestro tiempo», pero incluso poco sabríamos acerca del ministerio de su santidad de no ser porque, de vez en cuando, Nowy-Brod, en sus dificultades amorosas, pide a su amigo un consejo que éste es incapaz de darle, al no tener, en su calidad de santo, experiencia alguna en este terreno.

Admirable paradoja: toda la imagen de Kafka y todo el destino póstumo de su obra son por primera vez concebidos y dibujados en esta novela ingenua, en ese bodrio, en esa tabulación caricaturescamente novelesca, que, en lo estético, se sitúa exactamente en el polo opuesto del arte de Kafka.

2

Algunas citas de la novela: Garta «era un santo de nuestro tiempo, un verdadero santo». «Uno de sus rasgos de superioridad consistía en permanecer independiente, libre y santamente razonable frente a todas las mitologías, aunque en el fondo estuviese emparentado con ellas.» «Quería la pureza absoluta, no podía querer otra cosa...»

Las palabras «santo», «santamente», «mitología», «pureza» no se deben a la retórica; hay que tomarlas al pie de la letra: «De todos los sabios y los profetas que pisaron la tierra, fue el más silencioso [...]. ¡Tal vez le hubiera bastado la sola confianza en sí mismo para ser el guía de la humanidad! No, no era un guía, no se dirigía al pueblo, ni a discípulos, como otros guías espirituales de los hombres. Guardaba silencio; ¿acaso porque había penetrado más profundamente en el gran misterio? Lo que emprendió era sin duda todavía más difícil que lo que quería Buda, ya que si lo hubiera logrado habría sido para siempre».

Y también: «Todos los fundadores de religiones estuvieron seguros de sí mismos; uno de ellos, no obstante —quién sabe si el más sincero—, LaoTsé, se sumió en la sombra de su propio movimiento. Garta hizo sin duda lo mismo».

Garta está presentado como alguien que escribe. Nowy «había aceptado ser el albacea de Garta en lo que se refería a sus obras. Garta se lo había pedido, pero con la extraña condición de que lo destruyera todo». Nowy «intuía la razón de esta última voluntad. Garta no anunciaba una nueva religión, quería vivir su fe. Exigía de sí mismo el esfuerzo último. Como no lo había alcanzado, sus escritos (pobres escalones que debían ayudarle a ascender hacia las cimas) no tenían para él valor alguno».

No obstante, Nowy-Brod no quiso obedecer a la voluntad de su amigo porque, según él, «aun en estado de simples borradores, los escritos de Garta aportan a los hombres que vagan en la noche el presentimiento del bien superior e irreemplazable hacia el que tienden».

Sí, hay de todo.

3

Sin Brod, hoy ni siquiera conoceríamos el nombre de Kafka. Inmediatamente después de la muerte de su amigo, Brod hizo que se publicaran sus tres novelas. Sin repercusión alguna. Entonces comprendió que, para imponer la obra de Kafka, debía emprender una verdadera y larga guerra. Imponer una obra quiere decir presentarla, interpretarla. Por parte de Brod se trataba de una auténtica ofensiva de artillero: los prólogos: para El proceso (1925), para El castillo (1926), para América (1927), para Descripción de una lucha (1936), para el diario y las cartas (1937), para los cuentos (1946); para las Conversaciones con Janouch (1952); luego, las adaptaciones teatrales: de El castillo (1953) y de América (1957); pero sobre todo cuatro importantes libros de interpretación (¡fíjense bien en los títulos!): Franz Kafka, biografía (1937), La fe y la enseñanza de Kafka (1946), Franz Kafka, el que señala el camino (1951) y La desesperación y la salvación en la obra de Franz Kafka (1959).

Gracias a todos estos textos se ve confirmada y desarrollada la imagen esbozada en El reino encantado del amor: Kafka es ante todo el pensador religioso, der religiöse Denker. Es cierto que «nunca dio una explicación sistemática de su filosofía y de su concepción religiosa del mundo. Pese a ello, es posible deducir su filosofía de la obra, en particular de sus aforismos, pero también de su poesía, de sus cartas, de sus diarios, y también de su manera de vivir (sobre todo de ésta)».

Más adelante: «No se puede comprender la verdadera importancia de Kafka si no se distinguen en su obra dos corrientes: 1) sus aforismos, 2) sus textos narrativos (las novelas, los cuentos).

»En sus aforismos Kafka expone “das positive Wort”, la palabra positiva, su fe, su severa llamada a cambiar la vida personal de cada individuo».

En sus novelas y cuentos, «describe horribles castigos destinados a todos aquellos que no quieren escuchar la palabra (das Wort) y no siguen el buen camino».

Fíjense bien en la jerarquía: arriba: la vida de Kafka como ejemplo a seguir; en medio: los aforismos, o sea todos los pasajes «filosóficos», en sentencias, de su diario; abajo: la obra narrativa.

Brod era un brillante intelectual, con una excepcional energía; un hombre generoso, dispuesto a luchar por los demás; su apego a Kafka era cálido y desinteresado. Lo malo radicaba tan sólo en su orientación artística: siendo como era un hombre de ideas, no sabía qué es la pasión por la forma; sus novelas (escribió unas veinte) son tristernente convencionales; y sobre todo: no entendía nada del arte moderno.

¿Por qué, pese a ello, Kafka le quería tanto? ¿Acaso dejamos de querer a nuestro mejor amigo porque tenga la manía de escribir malos versos?

No obstante, el hombre que escribe malos versos es peligroso en cuanto empieza a publicar la obra de su amigo poeta. Imaginemos que el más influyente comentarista de Picasso fuera un pintor que no lograra entender siquiera a los impresionistas. ¿Qué diría de los cuadros de Picasso? Probablemente lo mismo que Brod acerca de las novelas de Kafka: que nos describen los «horribles castigos destinados a los que no siguen el buen camino».

4

Max Brod creó la imagen de Kafka y la de su obra; creó a la vez la kafkología. Incluso si los kafkólogos tienden a distanciarse del padre, nunca abandonan el terreno que éste les ha delimitado. Pese a la astronómica cantidad de textos kafkológicos, la kafkología siempre desarrolla, en infinitas variantes, el mismo discurso, la misma especulación que, aun siendo cada vez más independiente de la obra de Kafka, se alimenta tan sólo de sí misma. Mediante incontables prólogos, epílogos, notas, biografías y monografías, congresos universitarios y tesinas, produce y mantiene su imagen de Kafka, de tal manera que el autor que el público conoce con el nombre de Kafka ya no es Kafka, sino el Kafka kafkologizado.

No todo lo que se escribe sobre Kafka es kafkología. ¿Cómo definir, pues, la kafkología? Mediante una tautología: la kafkología es el discurso destinado a kafkologizar a Kafka. A sustituir a Kafka por el Kafka kafkologizado:

1) A la manera de Brod, la kafkología examina los libros de Kafka no en el gran contexto de la historia literaria (de la historia de la novela europea), sino casi exclusivamente en el microcontexto biográfico. En su monografía, Boisdeffre y Albores se valen de Proust para rechazar la explicación biográfica del arte, pero tan sólo para decir que Kafka exige una excepción a la regla, al no poder «separarse sus libros de su persona. Que se llamen Joseph K., Rohan, Samsa, el Agrimensor, Bendemann, Josefina la cantante, el Ayunador o el Trapecista, el protagonista de sus libros no es otro que el propio Kafka». La biografía es la clave principal para la comprensión del sentido de la obra. Peor: el único sentido de la obra es el de ser la clave para comprender la biografía.

2) A la manera de Brod, para los kafkólogos la biografía de Kafka se convierte en hagiografía; el inolvidable énfasis con el que Román Karst terminó su discurso en el coloquio de Líblice en 1963: «¡Franz Kafka vivió y sufrió por nosotros!». Distintos tipos de hagiografías: religiosas, laicas: Kafka, mártir de la soledad; izquierdistas: Kafka, que frecuentaba «asiduamente» las reuniones anarquistas y «dedicaba mucha atención a la Revolución de 1917» (según un testimonio mitomaníaco, siempre citado, jamás verificado). A cada Iglesia, sus apócrifos: Conversaciones con Gustav Janouch. A cada santo, un gesto de sacrificio: la voluntad de Kafka de que se destruyera su obra.

3) A la manera de Brod, la kafkología aparta sistemáticamente a Kafka del terreno de la estética: o bien como «pensador religioso», o bien, en la izquierda, como contestario del arte, cuya «biblioteca ideal no constaría sino de libros de ingenieros o maquinistas, y de juristas promulgadores» (libros de Deleuze y Guattari). La kafkología examina incansablemente su relación con Kierkegaard, Nietzsche, los teólogos, pero ignora a los novelistas y los poetas. Incluso Camus, en su ensayo, no habla de Kafka como de un novelista, sino como de un filósofo. Los kafkólogos tratan de la misma manera sus escritos privados y sus novelas, aunque dando neta preferencia a los primeros: tomo al azar el ensayo sobre Kafka de Garaudy, por entonces todavía marxista: cita 54 veces las cartas de Kafka, 45 veces el diario de Kafka; 35 veces las Conversaciones con Janouch; 20 veces los cuentos; 5 veces El proceso, 4 veces El castillo, ni una sola vez América.

4) A la manera de Brod, la kafkología ignora la existencia del arte moderno; como si Kafka no perteneciera a la generación de los grandes innovadores, Stravinski, Webern, Bartok, Apollinaire, Musil, Joyce, Picasso, Braque, nacidos todos ellos como él entre 1880 y 1883. Cuando, en los años cincuenta, se aventuró su parentesco con Beckett, Brod protestó inmediatamente: ¡san Garta no tiene nada que ver con semejante decadencia!

5) La kafkología no es crítica literaria (no examina el valor de la obra: los aspectos hasta entonces desconocidos de la existencia revelados por la obra, las innovaciones estéticas gracias a las que determinó una inflexión en la evolución del arte, etc.); la kafkología es exégesis. Como tal, no sabe ver en las novelas de Kafka sino alegorías. Son religiosas (Brod: Castillo = la gracia de Dios; el agrimensor = el nuevo Parsifal en busca de lo divino; etc.); son psicoanalíticas, existencialistas, marxistas (el agrimensor = símbolo de la revolución porque emprende una nueva distribución de las tierras); son políticas (El proceso de Orson Welles); la kafkología no busca en las novelas de Kafka el mundo real transformado por una inmensa imaginación; extrae mensajes religiosos, descifra parábolas filosóficas.

5

«Garta era un santo de nuestro tiempo, un verdadero santo.» Pero ¿puede un santo frecuentar los burdeles? Brod editó el diario de Kafka censurándolo un poco; eliminó no sólo las alusiones a las putas, sino también a todo lo que tenía relación con la sexualidad. La kafkología expresó siempre dudas acerca de la virilidad del autor y se complacía en discurrir acerca del martirio de su impotencia. Así pues, desde hace tiempo, Kafka pasó a ser el santo patrono de los neuróticos, deprimidos, anoréxicos y frágiles, el santo patrono de los majaderos, los cursis y los histéricos (en la película de Orson Welles, K. aulla histéricamente, cuando las novelas de Kafka son lo menos histérico que hay en toda la historia de la literatura).

Los biógrafos no conocen la vida sexual íntima de su propia esposa, pero creen conocer la de Stendhal o la de Faulkner. Sobre la de Kafka sólo me atrevería a decir lo siguiente: la vida erótica (no muy fácil) de su época se parecía poco a la nuestra: las chicas de entonces no hacían el amor antes de casarse; a un soltero no le quedaban más que dos posibilidades: las mujeres casadas de buena familia o las mujeres fáciles de clases inferiores: vendedoras, criadas y, naturalmente, prostitutas.

La imaginación de las novelas de Brod se alimentaba de la primera fuente; de ahí su erotismo exaltado, romántico (cuernos dramáticos, suicidios, celos patológicos) y asexuado: «Las mujeres se equivocan al creer que un hombre auténtico sólo otorga importancia a la posesión física. No es más que un símbolo y está lejos de igualar en importancia al sentimiento que la transfigura. Todo el amor del hombre está destinado a ganarse la benevolencia (en el verdadero sentido de la palabra) y la bondad de la mujer» (El reino encantado del amor).

La imaginación erótica de las novelas de Kafka, por el contrario, nace casi exclusivamente de la otra fuente: «Pasé por delante del burdel como por delante de la casa de la amada» (diario, 1910, frase censurada por Brod).

Las novelas del siglo XIX, aunque supieran analizar magistralmente todas las estrategias amorosas, ocultaban la sexualidad y el acto sexual en sí. En las primeras décadas de nuestro siglo, la sexualidad surgió de las brumas de la pasión romántica. Kafka fue uno de los primeros (con Joyce, por supuesto) en descubrirla en sus novelas. No desvela la sexualidad como terreno de juego destinado a un restringido grupo de libertinos (como en el siglo XVIII), sino como realidad a la vez trivial y fundamental de la vida de cada cual. Kafka desvela los aspectos existenciales de la sexualidad: la sexualidad oponiéndose al amor; la extrañeza del otro como condición, como exigencia de la sexualidad; la ambigüedad de la sexualidad: sus aspectos excitantes que al mismo tiempo repugnan; su terrible insignificancia que de ninguna manera disminuye su espantoso poder, etc.

Brod era un romántico. Por el contrario, en el origen de las novelas de Kafka creo detectar un profundo antirromanticismo; se manifiesta por todas partes: tanto en la manera en la que Kafka ve la sociedad como en su manera de construir una frase; pero tal vez su origen esté en la visión que Kafka tuvo de la sexualidad.

6

Al joven Karl Rossmann (protagonista de América) le expulsan de la casa paterna y le envían a América por un triste incidente sexual con una criada que «le ha convertido en padre». Antes del coito: «¡Karl, oh Karl mío!», exclamaba la criada, «mientras que él no veía absolutamente nada sintiéndose incómodo entre tantas sábanas y almohadas calientes que ella parecía haber amontonado expresamente para él...». Luego, ella «lo sacudía, auscultaba el latido de su corazón y ofrecía su pecho para una auscultación similar». A continuación, ella «hurgó entre sus piernas, de un modo tan asqueroso que, forcejeando con las almohadas, Karl consiguió poner a descubierto la cabeza y el cuello». Por fin, «empujó luego el vientre algunas veces contra él, que se sintió invadido por la sensación de que ella formaba parte de su propio ser, y quizá fue ése el motivo del tremendo desamparo que entonces le embargó».

Esta modesta cópula es el motivo de todo lo que ocurrirá después en la novela. Es deprimente tomar conciencia de que nuestro destino tiene por causa algo absolutamente insignificante. Pero cualquier revelación de una inesperada insignificancia es al mismo tiempo fuente de comicidad. Post coitum omne animal triste. Kafka fue el primero en describir la comicidad de semejante tristeza.

La comicidad de la sexualidad: idea tan inaceptable para los puritanos como para los neolibertinos. Pienso en D.H. Lawrence, cantor de Eros, evangelista del coito, quien, en El amante de Lady Chatterley, intenta rehabilitar la sexualidad convirtiéndola en lírica. Pero la sexualidad lírica es todavía mucho más risible que la sentimentalidad lírica del siglo pasado.

La joya erótica de América es Brunelda. Fascinó a Federico Fellini. Durante mucho tiempo, soñó con convertir América en película, y, en Intervista, nos presenta la escena del casting para esta película soñada: se presentan varias candidatas increíbles para el papel de Brunelda, elegidas por Fellini con el exuberante placer que todos conocemos. (Pero insisto: ese placer exuberante fue también el de Kafka. ¡Porque Kafka no sufrió por nosotros! ¡Se divirtió por nosotros!)

Brunelda, la antigua cantante, «tan delicada», que tiene «gota en las piernas». Brunelda, «desmesuradamente gorda», con manilas regordetas y papada. Brunelda, quien, sentada con las piernas abiertas, «con grandes esfuerzos y sufrimientos, y descansando con frecuencia», se inclina para «coger el borde superior de sus medias». Brunelda, que se levanta el vestido y, con el dobladillo, seca los ojos de Robinson que llora. Brunelda, incapaz de subir dos o tres peldaños y a quien hay que transportar —espectáculo que impresionó de tal forma a Robinson que, durante toda su vida, recordará: «¡Ah, qué hermosa era, ah, dioses, qué hermosa era esa mujer!»—. Brunelda, de pie en la bañera, desnuda, lavada por Delamarche, quejándose y gimiendo. Brunelda, acostada en la misma bañera, furiosa y dando puñetazos en el agua. Brunelda, a la que dos hombres tardarán dos horas en bajar por la escalera y depositar en una silla de ruedas que Karl empujará por la ciudad hacia un lugar misterioso, probablemente un burdel. Brunelda, en ese vehículo, va enteramente cubierta por un chal, de tal manera que un guardia la toma por un saco de patatas.

Lo nuevo en este esbozo de la gran fealdad es que es atractiva; mórbidamente atractiva, ridículamente atractiva, pero atractiva al fin; Brunelda es un monstruo de sexualidad en el límite de lo repugnante y lo excitante, y los gritos de admiración de los hombres no sólo son cómicos (son cómicos, por supuesto, ¡la sexualidad es cómica!), sino que son a la vez del todo verdaderos. No es de extrañar que Brod, adorador romántico de las mujeres, para quien el coito no era realidad sino «símbolo del sentimiento», no haya podido encontrar nada verdadero en Brunelda, ni la sombra de una experiencia real, sino tan sólo la descripción de «horribles castigos destinados a aquellos que no siguen el buen camino».

7

La escena erótica más hermosa que Kafka ha escrito jamás se encuentra en el tercer capítulo de El castillo: el acto de amor entre K. y Frieda. Apenas una hora después de haber visto por primera vez a «esa rubita insignificante», K. la abraza detrás del mostrador «entre charcos de cerveza y otras inmundicias que cubrían el suelo». La suciedad: inseparable de la sexualidad, de su esencia.

Pero, inmediatamente después, en el mismo párrafo, Kafka nos insinúa la poesía de la sexualidad: «Allí pasaron horas, horas de alientos comunes, de latidos comunes, horas en las que K. tenía continuamente el sentimiento de extraviarse, o aun de que estaba más lejos en el mundo ajeno que nadie antes que él, en un mundo ajeno en el que ni siquiera el aire tenía elemento alguno del aire natal, en el que uno tenía que asfixiarse de pura extrañeza y en el que nada podía hacerse, en medio de insensatas seducciones, sino seguir yendo, seguir extraviándose».

La duración del coito se convierte en metáfora de una larga marcha bajo el cielo de la extrañeza. Y, no obstante, esta marcha no es fealdad; por el contrario, nos atrae, nos incita a ir todavía más lejos, nos embriaga: es belleza.

Unas líneas más abajo: «Estaba demasiado feliz de tener a Frieda entre sus brazos, demasiado ansiosamente feliz también, ya que le parecía que, si Frieda lo abandonaba, todo cuanto él tenía lo abandonaría». Así pues, pese a todo ¿el amor? Pues no, no el amor; si se está proscrito y desposeído de todo, una pequeña parcela de mujer que se acaba de conocer, que se ha abrazado entre charcos de cerveza, pasa a ser todo un universo —sin intervención alguna del amor.

8

André Bretón en su Manifiesto del surrealismo se muestra severo con el arte de la novela. Le reprocha estar incurablemente cargada de mediocridad, de trivialidad, de todo lo que es contrario a la poesía. Se burla tanto de sus descripciones como de su aburrida psicología. A esta crítica de la novela le sigue inmediatamente el elogio de los sueños. Luego, concluye: «Creo en la futura resolución de estos dos estados, aparentemente contradictorios, que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de superrealidad, por decirlo así».

Paradoja: esta «resolución del sueño y de la realidad» que proclamaron los surrealistas sin saber llevarla realmente a la práctica en una gran obra literaria, se había dado ya y precisamente en ese género que denigraban: en las novelas de Kafka escritas en la década anterior.

Es muy difícil describir, definir, nombrar esta especie de imaginación con la que Kafka nos hechiza. Fusión del sueño y de la realidad, esa fórmula que Kafka, por supuesto, no conocía me parece iluminadora. Al igual que otra frase muy apreciada por los surrealistas, la de Lautréamont sobre la belleza del encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser: cuanto más ajenas son las cosas entre sí, más mágica es la luz que brota de su contacto. Me gustaría hablar de una poética de la sorpresa; o de la belleza como perpetuo asombro. O también emplear, como criterio de valor, la noción de densidad: densidad de la imaginación, densidad de los encuentros inesperados. La escena que he citado del coito de K. y Frieda es un ejemplo de esa vertiginosa densidad: el corto pasaje, apenas una página, abarca tres descubrimientos existenciales, todos ellos distintos (el triángulo existencial de la sexualidad), que nos sorprenden por su inmediata sucesión: la suciedad; la embriagadora belleza oscura de la extrañeza; y la conmovedora y ansiosa nostalgia.

Todo el tercer capítulo es un torbellino de lo inesperado: en un espacio relativamente apretado se suceden: el primer encuentro de K. y Frieda en la posada; el diálogo extraordinariamente realista de la seducción disimulada debido a la presencia de una tercera persona (Olga); el tema de un agujero en la puerta (trivial, pero que proviene de la verosimilitud empírica) por el que K. ve dormir a Klamm detrás del escritorio; la multitud de criados que bailan con Olga; la sorprendente crueldad de Frieda, que, con un látigo, los expulsa, y el sorprendente temor con el que obedecen; el posadero que llega mientras K. se esconde tendiéndose detrás del mostrador; la llegada de Frieda, que descubre a K. en el suelo y niega su presencia al posadero (mientras acaricia amorosamente con el pie el pecho de K.); el acto de amor interrumpido por la llamada de Klamm, quien, detrás de la puerta, se ha despertado; el gesto asombrosamente valiente de Frieda, que le grita a Klamm: «¡Estoy con el agrimensor!»; y luego, el colmo (aquí salimos del todo de la verosimilitud empírica): encima de ellos, encima del mostrador, están sentados los dos ayudantes: los han estado observando durante todo ese tiempo.

9

Los dos ayudantes del castillo son probablemente el mayor hallazgo poético de Kafka, fruto maravilloso de su fantasía; no sólo su existencia es infinitamente sorprendente, sino que, además, está atiborrada de significados: son dos pobres chantajistas, dos tocahuevos; pero también representan toda la amenazadora «modernidad» del mundo del castillo: son polis, reporteros, fotógrafos: agentes de la destrucción absoluta de la vida privada; son los payasos inocentes que atraviesan la escena del drama; pero son también los lúbricos voyeurs cuya presencia contagia a toda la novela el perfume sexual de una promiscuidad mugrienta y kafkianamente cómica.

Pero sobre todo: la invención de estos dos ayudantes es como la palanca que mantiene la historia en ese terreno donde todo es a la vez extrañamente real e irreal, posible e imposible. Capítulo doce: K., Frieda y sus dos ayudantes acampan en un aula de escuela primaria que han convertido en alcoba. La institutriz y los alumnos entran en ella en el momento en que la increíble ménage á quattre empieza su aseo matutino; se visten detrás de las mantas colgadas de las barras paralelas, mientras los niños, divertidos, intrigados, curiosos (ellos también son voyeurs), los observan. Es más que el encuentro de un paraguas y una máquina de coser. Es el encuentro soberbiamente incongruente de dos espacios: un aula de escuela primaria y una sospechosa alcoba.

Esta escena, de una portentosa poesía cómica (que debería figurar a la cabeza de una antología de la modernidad novelesca), es impensable antes de Kafka. Totalmente impensable. Si insisto en ello es para realzar toda la radicalidad de la revolución estética de Kafka. Recuerdo una conversación, hace ya veinte años, con Gabriel García Márquez, quien me dijo: «Fue Kafka el que me hizo comprender que se podía escribir de otra manera». De otra manera quería decir: traspasando la frontera de lo verosímil. No para evadirse del mundo real (a la manera de los románticos), sino para captarlo mejor.

Porque captar el mundo real forma parte de la definición misma de la novela; pero ¿cómo captarlo y entregarse al mismo tiempo a un hechizante juego de fantasía? ¿Cómo ser riguroso en el análisis del mundo y al mismo tiempo irresponsablemente libre en las ensoñaciones lúdicas? ¿Cómo unir estos dos fines incompatibles? Kafka supo resolver este inmenso enigma. Abrió la brecha en el muro de lo verosímil; la brecha por la que le siguieron muchos otros, cada uno a su manera: Fellini, García Márquez, Fuentes, Rushdie. Y otros, y otros más.

¡Al diablo con san Garta! Su sombra castradora ha mantenido invisible a uno de los mayores poetas de la novela de todos los tiempos.

 

 

Segunda Parte de Los testamentos traicionados

traducción: Beatriz de Moura

 

Les testaments trahis

© Milán Kundera 1993

November 15, 2009

La Habana para habanémicos

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Es 16 de noviembre y por tanto, entre tantas efemérides universales, el cumpleaños de La Habana, el número 490 y la pura verdad es que yo no tengo nada que decir, que pensar o que sentir por esta ciudad decrépita. Mi estado habanémico se ha vuelto crónico estos últimos días. Mis ganas de andarla, nulas. Un pésame en lugar de una felicitación hipócrita sería lo más adecuado para la ocasión. Pero su agonía no tiene por qué compartirse o celebrarse además lúgubremente, pongámosle un toque de esa tristísima alegría que puede producir saberla apuntalada hasta el alma. Así sea. En el prólogo de J. J. Armas Marcelo a La Habana para un infante difunto de Guillermo Cabrera Infante, encontré esta anécdota que dice que hace unos años, le preguntaron al poeta de Testamento del pez, el magnífico Gastón Baquero, qué diría de Fidel Castro una hipotética Enciclopedia Británica a finales del siglo XXI. El poeta, hurgado en su ingenio, sonrió tras encontrar la solución en su talento, tan desmesurado como su excelente memoria. "Oscuro dictador que vivió en una isla del Caribe en tiempos de Lezama Lima., contestó el sabio Baquero regocijado, sin que nadie pueda decir hoy que fue una respuesta repentina contra la ruindad cainita del olvido. Y sigo con el prólogo: Cabrera Infante recuerda, describe, escribe y al mismo tiempo inventa una ciudad deslumbrante que otros muchos escritores y novelistas (cito a dos, a los que he llegado a conocer como amigos en las páginas de sus libros, Carpentier y Lezama Lima) hicieron suya por otros caminos literarios: Carpentier a través de la reinvención de la historia y la reivindicación de la arquitectura, además, naturalmente, de la música; Lezama Lima mirándose a sí mismo en el espejo de una Habana barroca que, en las páginas de Paradiso, deviene inmoral geografía físicamente poética. Si para Lezama, sin salir de La Habana ni de su biblioteca, "la cosa está en el barroco", y para Carpentier el asunto requiere exquisita y hasta erudita documentación histórica, urbanística y arquitectónica, para Cabrera Infante La Habana es un trasunto iniciático lleno de desmesuras, tesoros y sensualidades, un totem totum revolutum insoslayable, un intemporal paraíso con múltiples luces y alucinaciones que él mismo convierte, en su memoria de escritor futuro, en una fiesta interminable de palabras; el mismo festín desnudo que comienza en el día mismo que el escritor llega a la ciudad, y la descubre y posee hasta hacerla sensual y sexual completamente suya, y termina, en la realidad y para vivir en la ficción de La Habana..., en el instante en que ese mismo escritor huye -y escapa- de la cárcel ruinosa, de rumba y derrumbe a pesar de sus muchas fresas y chocolates, a la que la condena durante casi medio siglo de soledades el bongosero de la historia (así lo llamó Carlos Fuentes, según Edwards en Persona non grata), Fidel Castro, sátrapa cuyas ínfulas de salvador resultan en la realidad habanera inversamente proporcionales a los resultados de la destrucción que se propuso desde los años sesenta. Años que por demás no viví. Ni siquiera los años que se muestran en el libro de Cabrera, donde la Habana iluminada y enviciada podía narrarse y recordarse en su desmesura. Yo sólo tengo la memoria de la ruina. Yo sólo tengo mi habanemia.

Flag of Havana city, CubaImage via Wikipedia



 Los dejo con la primera parte del famoso monólogo que el joven narrador Jorge Bacallao estrenara en las peñas universitarias de la Talía por el 2003, entero dura siete minutos, por eso lo dividí en dos partes, pero no sé si tendré suficiente conexión como para subir ambas...






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November 11, 2009

41 de Gorki

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November 10, 2009

Pedro Marqués de Armas: Entre lúdico y agónico

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por Pedro Marqués de Armas*
Trágico tropical, Virgilio Piñera se mueve entre la levedad del espíritu burlón que parece colocado por encima de su circunstancia y el patetismo de quien se sabe apresado en ella. Se trata de roles alternos que le permiten convertir su vida (agónica) en juego y su literatura (lúdica) en riguroso ejercicio de géneros. A prueba de paradojas, este intercambio tensa y resuelve una escritura donde el absurdo y sus alegorías determinan distintos efectos-de-sentido, alrededor siempre de "cuestiones últimas" y "umbrales de infierno" —pasar emplear términos bajtinianos— rebajados por una comicidad singular. Como expresa Lezama en el poema que le dedica: "Sabemos, que carcajada, que lo lúdico es lo agónico". Invertimos la fórmula y no se pierde el significado: la agonía es burla, mueca, también ingravidez.
Ahora bien, la circunstancia en Piñera asume de antemano los atributos de una escena cerrada; espacio radical, su clausura le llega de la Ley mientras sus eventos remiten a un "caduco esplendor" signado por el anacronismo y la gratuidad de las invenciones. No obstante, la "soberana habilidad" con que se manipulan los modelos transforma el encierro en sátira, pie forzado para el desquiciamiento de alteridades. Así también la historia, perfectamente teatral, entra a escena en calidad de ruina, lo que pone en jaque una posible (o fácil) antítesis absurdo/realidad.
En este sentido, Piñera escribió que era "tan realista" que sólo podía experimentar la realidad distorsionándola, pues así la convertía en algo más real y vivo. Si bien el absurdo (en cuanto género) es distorsión de determinada racionalidad, nada prueba, en cambio, que lo que entendemos por ‘’realidad" responda a un orden, a una cierta razón. Al efecto, en no pocas ocasiones la vida se le presentó como la más acabada obra, al punto que mejor sería no "intervenir":
Al disponerme a relatar la historia de mi familia —cuenta a propósito de Aire fríome encontré ante una situación tan absurda que sólo presentándola de modo realista cobraría vida ese absurdo (...) [pues] me ha bastado presentar la historia de una familia cubana, por sí misma una historia tan absurda que de haber recurrido al absurdo hubiera convertido a mis personajes en gente razonable.3 
Habría luego que situar el vínculo representación/realidad como otra de esas "cuestiones últimas"; pero, es aquí donde no habría que errar el tiro toda vez que este vínculo no se produce al límite sino como resultado del simulacro y la simulación constantes: pequeños ciclos reversibles que ubican la grandiosidad de la tragedia en el desfondamiento de una opereta. De ahí que el voto por lo más vivo y real venga a significar por último: vivo como fantasma (irrealmente) y real como esas marionetas que suspenden toda probidad humana o vital. No se trata, en exclusión, del rango del que dota a sus personajes, a sus figuras poéticas, incluso su propia auto-observación; está en juego también un entorno que accede a la escritura en tanto "carga", pero que ha sido previamente elaborado, es decir, constituido discursivamente. Entre ambos polos no hay pues más brecha que la propiamente ficcional, espacio de indiferenciación en modo alguno sujeto a criterio de verdad.
Obra hecha de fatalidades, este bamboleo ludo/agónico no es premisa general sino que debe vérsele como lo que hay de particular en una conducta literaria en la que siempre va a intentarse alguna salida. Sin embargo, la condición tragicómica determina que toda salida sea meramente virtual, lo que recuerda el pataleo de un actor sacrificado en escena: ofrenda donde, al no existir salvación, aquel que se rinde es el que domina, el dominado un gran burlador. Si el afuera se presenta como un sistema cerrado, entonces no habrá sino amagos de fugas y el rendimiento final a la causa de la condena: rendimiento que, de tan deseado —el deseo sacrificial, masoquista, dota de poder al sujeto piñeriano— se establece como estrategia encaminada a invertir cualquier lógica redentora.
Se instituye así un rasgo excelentemente negador que atraviesa poco más de cuatro décadas de cultura nacional y que, con toda seguridad, se extiende más allá de la resurrección literaria de Virgilio Piñera, acontecida desde comienzos de los 80. El mayor riesgo que hoy corre su obra es el de la canonización, la cual puede presentarse —y de hecho se efectúa— lo mismo por parte de quienes intentan una convergencia de signo cultural, abriendo, más que nada, el paréntesis esencialista de la cubanía (aporte, a la larga, positivo para las Letras Nacionales), que del lado de quienes agitan una fe puramente sacralizadora al margen de su problematización literaria. Imaginario a rebours, hará posible otras tantas inversiones: en lo relativo a su triple condición de artista-pobre-homosexual (entidades que no deberían ser apreciadas como agenciamientos minoritarios), a su modo de percibir la ideología insularista de Orígenes y, finalmente, a una manera de actualizar el relato carnavalesco, religándolo, bajo muy distintos signos, a ciertas derivas genéricas: humor negro, choteo, kitsch, grotesco, etc.
Extenso periplo, Piñera rompe primero con la "atmósfera gongorina" y el "maniqueísmo católico" de los origenistas; escribe luego —con toda intención— "La isla en peso" (aunque solar oscuro y cegador archipiélago en que no pueda mirarse el Narciso de Lezama), para partir más tarde a Argentina, regresar, partir de nuevo, regresar, etc..., mientras en el ínterin es expulsado del canon poético cubensis y adviene una Revolución. Por último, la alianza y complicidad con el autor de Paradiso, intercambio —en algún grado— de posiciones ante el lenguaje y diálogo en medio de una determinada clausura de la historia: "Callados por un rato,/ oímos ciudades deshechas en polvo,/ arder en pavesas insignes manuscritos/ y el lento, cotidiano gotear del odio".
Expulsado del canon, regresa sin embargo para ampliarlo, también en virtud de inversiones que determinan una apertura. Apertura negativa, por supuesto, problematiza tanto el encuadre vitieriano como otra fórmula identitaria. El más radical divorcio literatura/nación será su crédito principal. En lo adelante, la literatura cubana podrá prescindir de la nación como pauta exclusiva, tributo positivo y único a dicho canon.
Piñera es el desertor por excelencia. Al desviarse, ya no sólo del barroco lezamiano sino también de la poesía de la memoria, así como de la tradición romántico paisajista del siglo XIX (como se sabe, coordenadas de peso en el esquema de lo cubano), reforzará una línea contraria, recelosa, teleológicamente imposible: el modernismo, iniciado por Casal y continuado (si se prefiere superado) por Boti, Poveda y luego Tallet. Así, a fuerza de acelerar y exteriorizar estas poéticas del "desencanto", convierte el modernismo en oportuna modernidad. No es un secreto que en el tope de la experiencia moderna su poesía ocupe (al nivel de Borges, Paz, Parra, Deniz, Martínez Riva y el propio Lezama) un lugar destacado. Y en esto habría que observar que logró, con indudable eficacia, la prosificación y teatralización del poema, premisas para un poética que prescinde, por lo general, de una constante de estilo y asume a la vez el gusto de lo inacabado.Por cierto, este rasgo escritural implica la reversión del concepto poesía/profundidad (tan caro a la pastoral origenista) en una vaciada superficie. Finalmente, la apertura canónica es pertinente en otros aspectos: cierta traza gay es diseminada y, más importante aún, irrumpe una escritura civil (o contracivil) que, en persistente tensión lenguaje-horror, será ella misma parodia de toda ficción de estado y de cualquier lectura de la Nación como ontología.
Sólo Julián del Casal había llevado este divorcio literatura nación a escala semejante. La fractura propuesta por Zequeira en La ronda, donde pone de cabeza tanto un lenguaje —el de la ilustración— como un entorno —la plaza militar que era La Habana a comienzos del siglo XIX—, fue sin embargo opacada por el proyecto de fundación que este mismo poeta —cantor oficial (y cautivo) del reformismo criollo— contribuyera a edificar. Si bien Lezama señala el corte, limita su lectura al reconocimiento de ciertas oscuridades metafísicas. Cautivo —él también— en la continuidad de un proyecto fundacional, no podía llegar al fondo de esta cuestión. Piñera retoma los agenciamientos oníricos y macabros de Zequeira y, sobre todo, las máscaras casalianas, para montarlos en un espectáculo decididamente carnavalizado. Lo que en el primero es gesto esquizo y en el segundo distanciamiento o repliegue, será ahora simulacrada intervención. Cambia así el espacio (la plaza de Zequeira y los paisajes y retablos íntimos de Casal asumen otros decorados) sin que se acceda, por ello, a una nueva temporalidad. Accional de mimo, de lo que se trata es de un movimiento en falso, pues el tiempo propuesto para este espectáculo tiene por condición el vacío: devenir vaciado de acontecimientos que pone entre paréntesis tanto una Historia como un Origen. Había, luego, que inventar una lengua, un instrumento que nombrara ese vacío.
Al contrario de Lezama, Gran Sumador, Piñera se contenta con restar. En este sentido la lengua que inventa (como dirá Deleuze a propósito de Carmelo Bene)7  es el producto de una operación de resta. Remite a cuanto es reverso, condición espectral: nadaruidos, nadacasas, nadasoles. Así el paréntesis en que surge corona una "nadahistoria". Lengua menor, rebaja todo signo a carne, marca o tatuaje. Concebida para el gasto y la pasión encarnizada, se comporta como grilla que evade sistemas y morfologías y construye su propio descampado. Sin verbo donde morar, sin casa del ser donde refugiarse, se explaya a punto de intemperies, errancias y alegorías carnívoras. La desnudez, el desenfreno y la desecación absolutas en "La isla en peso" y la maceración y ablandamiento compulsivos en "La carne de René".
Entre uno y otro texto asistimos a la conversión (a lo que ya aludimos, pero que convendría precisar) de la fatalidad en sátira. El daseinanalyse de "La isla en peso", es decir, la pregunta por la imposibilidad de relatar un país ("pueblo mío, no sabes relatar") no sería entonces sino en sus cuentos y relatos donde se resolvería, proceso que sólo más tarde se completa en su escritura poética. Aún Piñera precisaba de un tono mayor. Aquel "umbral de infierno" del agua por todas partes podía escapar por la tangente, demasiado vasta, del significante pueblo. Idea mayúscula, abstracta. No obstante, era un punto de partida: la centralidad arqueológica, el ídolo nunca encontrado8  daría paso al desvío, al juego indiferente con la ley.
La sentencia benjaminiana ("La alegoría no es un rostro: es un cadáver") acaso termina por imponerse, de modo que podamos entender su obra —y no de otra manera él mismo la definía— en el marco de una cultura de la muerte. En lugar del símbolo —del rostro—, aquello que se resiste a significar en términos de una lógica del secreto o del asomo del ser. Al contrario, la poética piñeriana apunta a la mortificación de toda trascen-dencia por medio de la más áspera crítica. "Nada, surgida de ella misma", deviene certeza célibe, autocreada-creadora, creciente tal vez como el pelo y las uñas en un cuerpo sin vida. Si algo mueve la ficción piñeriana, quiero decir, si algo la mueve aún hacia el porvenir, es justamente este índice de resurrección. "Fúnebre caminata llena de vida" (para decirlo a título de un cuento suyo) que nos habla desde el reino de lo alegórico.
En La gran puta,9  poema hasta hace poco inédito, la escritura se torna radicalmente exterior. Lo mismo que en Aire frío, apenas habrá que "intervenir", pues es la realidad la que ha devenido género (absurdo). Dijo Bertolt Brecht que toda realidad se organiza como un crimen y es lo que el texto relata: una Habana que corre "como río de sangre" y donde los flujos más heterogéneos vienen a mezclarse a la "confusa gesta del danzón ensangrentado". Simulacro del que tampoco hay salida, en él circulan los recuerdos del poeta que, apelando a un proceso de anagnórisis intercala canciones, urgentes ritornelos. Se trata de animar un vacío, de que la lengua haga "sensible" la nada y convierta la historia en una serie de cuadros móviles. Como si unas fotos tomadas por Walker Evans poco antes de la época a que se remonta el poema, hubieran roto la inercia y echaran a andar.
Acerca de estos flujos, Piñera escribe: "amorfa, sí, amorfa cantidad de donde extraigo en canto, en cualquier parte". Siempre in media res, señala a diversas minorías (soldados, artistas, homosexuales, prostitutas, locos o pobres), pero sin llegar a asumir el mensaje de alguna en particular. Expresión, más bien, de un conglomerado humano donde toda diferencia ha sido eliminada, lo que se escucha es el rumor, el vocerío de fondo que tan pronto recrudece como acalla. Así también cualquier crimen, como esos cuyo eco dobla alguna crónica roja —a lo que alude en varias ocasiones— para pronto desvanecerse. Para Piñera estos flujos son el deseo y significan su errancia. Alimentan su lengua, que los junta y dispersa, allí donde la escritura parece mover el mecanismo de cierta pobreza: cada uno contando sus pasos, sus pesos o sus versos. Pobreza sin elegancia, repetida y unánime, termina poblando ¿por qué no? lo que llamó "nadahistoria", ritual último donde el significante pueblo (el de "La isla en peso") se decanta y es puesto a prueba.
También La gran puta puede ser leído en clave alegórica. Aun cuando la voz de Virgilio se exterioriza (nunca su voz privada fue tan pública) algo sugiere el secuestro de esa voz: el hecho de que el poema haya sido escrito en el momento más homofóbico que viviera la cultura cubana, lo que le convierte en texto clandestino, cifra marginal capaz de captar el horror de un discurso de estado. Y es este el verdadero travestimiento del texto (del sujeto de su escritura): apelar a los restos de la memoria para dar salida (tangencial, virtual) a todo una voluntad contrafóbica nunca como entonces tan apremiante.
"Umbral de infierno"; Piñera entra y sale como un actor a escena. "En brecha mortal", avanza todavía un poco, pero para entrar y salir indefinidamente, sin pisar raya, alrededor de un punto siempre otro y el mismo. Y es que entre su vida (agónica) y su escritura (lúdica) —o viceversa— no hay más que mínimos ciclos, reversibles, del grosor de un pelo.


NOTAS:
* Ponencia leída en el evento Noventa Virgilios.
1.— "Virgilio Piñera cumple 60 años", José Lezama Lima, en: Poesía completa, Letras Cubanas, 1985, pp. 483-84.
2.— Me apoyo en términos (caduco esplendor, soberana habilidad) empleados por Walter Benjamín, en El origen del drama barroco alemán, Taurus Humanidades, Madrid, España, 1990, pp. 170-171.
3.— Teatro completo (prólogo), Virgilio Piñera, Ediciones Revolución, La Habana, 1960.
4.— Virgilio Piñera: el peso de la cultura insular, José Quiroga (conferencia pronunciada en Emory University, abril de 1996). Quiroga desarrolla con agudeza la relación espectáculo-poder en el sujeto piñeriano, en tanto sacrificio o entrega masoquista en medio de un sistema cerrado que ocupa todo el espacio escénico.
5.— Algunos poemas del último Lezama parecen firmados por Piñera. Entonces experimenta el barroco como cárcel, la metáfora como retirada y el sistema que ha construido como horror. Si "Fragmentos a su imán" debe leerse de algún modo es como diferencia, sobre todo respecto al mismo Lezama. Por su parte, Piñera propicia la alianza al reconocer el "Golpe maestro" de Paradiso como proeza donde se ve reflejado: ver el ensayo "Opciones de Lezama", así como el poema "El hechizado", que escribe a la muerte de su contrincante, ya devenido aliado en particulares condiciones histórico literarias. Además, en esta etapa Piñera le dedica otros dos poemas: "Bueno, digamos" y "Un Duque de Alba". Al primero corresponden los versos citados. Sin duda, se generó entre ellos un mutuo traspaso de señales, lo mismo atentos a sus destinos como creadores que al entorno donde se desenvolvían.
6.— Rodríguez Feo calificó de coloquial el estilo de Piñera. En lo que hace a la poesía, el estilo piñeriano muta en varias ocasiones: va del frío, aunque exaltado formalismo de "Las Furias" a la discursividad de largo aliento, todavía metafórica y ya un tanto coloquial de "La isla en peso", para tornarse luego francamente dialógico, paródico y asumir cada vez más el despropósito y lo inacabado. Al efecto, Antón Arrufat ha escrito: "Muy joven comprendió que el mundo que tenía que contar sólo podía expresarlo en un estilo de cháchara casera (...) Siendo un poeta, renunció sin embargo a las metáforas y la alusión: su estilo, que puede resultar ingrato al principio, tiene algo metálico, rudo, de cercanía física al objeto y los hechos, que lo vuelve, no obstante, inesperado". ("La carne de Virgilio", Antón Arrufat, revista Unión, No. 10, abril-mayo-junio, 1990, p. 47).
7.— Un manifiesto de menos, Gilles Deleuze. En: Diáspora(s)/documentos 3, 1998, pp. 43-54.
8.— "Cavo esta tierra para encontrar los ídolos y hacerme una historia", en "La isla en peso", Ediciones Unión, 1998, p. 37.
9.— "La Galaxia Virgilio", en La Gaceta de Cuba, No. 5, septiembre-octubre, 1999, pp. 13.




Cuando en 1937 mi familia llegó a La Habana
—uno de los tantos éxodos a que estábamos acostumbrados—
mi padre —como tenía por costumbre sanguínea—
se dio de galletas y se puso a echar carajos.
Llegaron exactamente a las diez de la mañana
de un día de agosto mojado con vinagre;
antes de ir a esperar el Santiago-Habana
tomé un jugo de papaya en Lagunas y Galiano,
y como el deber se impone al deseo
perdí a un negro que me hacía señas con la mano.
Por esa época yo tenía veinticinco años
y toda la vida resumida en la mirada:
años mal llevados porque el hambre no paga:
"Virgilio —me decía Oscar Zaldívar—
no te alimentas lo suficiente. Hay que comer carne..."
De vez en cuando me llevaba a La Genovesa
en la esquina atormentada de Virtudes y Prado,
donde Panchita, una italiana operática(,)
le decía doctor a Oscar y a mí no me decía nada.
Las calles eran vahídos y las aceras desmayos:
en la cabeza los versos y en el estómago cranque.
Corría a la casa de empeños sita en Amistad y Ánimas
buscando que me colgaran entre docenas de guitarras(,)
yo, empeñado, yo empeñando un viejo saco de Osvaldo
para trepar jadeante la cazuela del Auditorium
a ver El avaro de Moliere que Luis Jouvet presentaba.
Era La Habana con tranvías y soldados
de kaki amarillo, haciendo el fin de mes
con los pesos de los homosexuales;
entre los cuales, en cierta manera, me cuento, es
decir, en mi humilde escala: no osaría ponerme
a la altura de la Marquesa Eulalia, del Pájaro Verde,
del Jarroncito Chino, de la Pulga Lírica y del Marqués
de Pinar del Río, y aunque una noche, en el Don Quijote(,)
bailé sobre una mesa disfrazado de maja,
mi alarde palidece ante la magnificiencia
del Pájaro Verde dejándose degollar en el baño.
Según se mire eran tiempos heroicos, tiempos
que fueron cantados por guitarras alcoholizadas(,)
palabras tremendas que eran pronunciadas
con el filo de un cuchillo, mientras allá,
en Marte y Belona, los bailadores realizaban
la confusa gesta del danzón ensangrentado.
Esta gesta alcanzaba proporciones épicas
en el cuchillo de San Miguel: allí Panchitín Díaz
le decía con su voz aflautada a la putica debutante:
"Muchacha, tienes toda la vida por delante..."
y dando dos pasos se metía en la barbería de Neptuno
para entablar un diálogo funambulesco
con la corpulenta Albertino, que se hacía afeitar
una barba imaginaria.
Una noche en el Prado, con su pedazo de cielo
particularmente convulso sobre leones de bronce verde,
sobre leones que temblaban al paso del
Emperador del Mundo —un negro tuberculoso con
el pecho constelado de chapitas de Coca Cola—,
se comentaba con terror manifiesto
la frase ciceroniana de la mujer que se tiró
bajo las ruedas del automóvil de Lily Hidalgo de Conill:
"¡Habana, ábrete y trágame!"
Pero La Habana se hizo aún más rígida
para que ella pudiera ir hasta Colón sin baches,
para que esas noches las putas chancrosas
hicieran buenos pesos y para que lloraran los
sentimentales, entre los cuales también me cuento,

al extremo que podría ser nombrado presidente de
los sentimentales, y ahora precisamente
recuerdo
al hombre que vi matar junto a la estatua de Zenea
con su mano convulsa aferrada al seno de mármol
de la mujer que eternamente lo acompaña.

Me pareció que llegaba el Apocalipsis,
pero justo en ese momento oí: "¨¡Maní tostao, maní!"
y metían por mis ojos anegados en lágrimas
un cucurucho de voluptuosidad cubana.
Mi amiga, la Muerta Viva, una puta francesa
que recaló en Sagua allá por el veinticuatro
compraba todos los días el periódico para
ver si en la Crónica Roja aparecía muerto
el cabrón, decía ella, que la dejó plantada en Sagua.
Pero como la vida manda, seguía abriendo las piernas
sin sentimentalismo de ninguna clase.
Yo, que mi destino de poeta me impidió la putería,
soñaba persistentemente con abrir las mías:
cuando el hambre aprieta, sueños monstruosos
se perfilaban en cada esquina, monedas del tamaño de
una casa me caían encima, y todo terminaba al compás
de una frita deglutida al compás de
"Bigote de Gato es un gran sujeto..."
Sin embargo, pensaba en la inmortalidad
con la misma persistencia con que me acosaba
la mortalidad, porque aún cuando viéndome
forzado a escuchar "la inmortalidad del cangrejo"
y ver al tipo pálido sentado en el café de
los bajos de mi casa, con un palillo en los
dientes y un vaso de agua sobre la mesa
pensando en las musarañas, yo me aferraba
a la mentira piadosa siguiendo al mismo
tiempo con la vista los sandwiches de pierna
que rechinaban en mis tripas.
Suaritos anunciaba a Ñico Saquito,
Toña La Negra quebraba la luna con su voz
de tortillera mejicana, Batista daba golpetazos
en Columbia, Patricia la Americana se momificaba
en un disco y Daniel Santos galvanizaba los solares.
Claro está, en la ciudad del sol constante
los fantasmas acostumbraban salir a plena luz:
los he visto acompañándome por Monte y Cárdenas
el día del entierro de Menocal, con ron peleón,
porque de eso el general prodigó, enchumbó, anestesió
y el champán para él y Marianita en París.
"Querida, me dijo Jarroncito Chino, hoy todo el mundo
está jalao, haremos ranfla moñuda,
ya el General templó lo suyo y nosotras moriremos
con un troyó papá bien grande adentro."
Así murió efectivamente. Destino cumplido,
vida realizada, strip-tease de pelo en pecho,
sacando palanganas de agua de culo(.)
Cuando se la llevaron había un Norte de
tres pares de cojones.
Estos son los monumentos que nunca veremos en
nuestras plazas, amorfas, sí, amorfa cantidad
de donde extraigo el canto, en cualquier parte,
bajando por Carlos III que entonces tenía bancos(,)
escuálido, tembloroso, con mi amorosa Habana
siguiéndome los pasos como perro dócil
entre años caídos retumbando como cañones
dejando la peseta en casa de la barajera
para saber (—)¿para saber?(—) si mañana entraré
en la papa... Un pelado en el Mercado Único,
un guarapo en el Mercado del Polvorín,
siempre avanzando, en brecha mortal,
buscando la completa como se busca un verso(,)
¡oh, inacabables calles, oh aceras perfumadas
con orine! ¡Oh, hacendados con pañuelos
impregnados en Guerlain, que nunca
me pusieron casa!
Solo en mi accesoria haciendo mis versitos
veía pasar La Habana como un río de sangre:
y como una puta más del barrio de Colón
los contaba de madrugada como si fueran pesos.

 

Virgilio Piñera


November 8, 2009

Yoani, Orlando y Claudia

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 Después de una agresión, hay ciertos miopes que culpan a la propia víctima por lo ocurrido. Si es una mujer que ha sido violada, alguien explica que su falda era muy corta o que se contoneaba con provocación. Si se trata de un asalto, los hay que sacan a relucir el llamativo bolso o los brillantes aretes que despertaron la codicia del delincuente. En caso de que se haya sido objeto de la represión política, entonces no faltaran quienes aleguen que la imprudencia ha sido la causante de tan “enérgica” respuesta. La víctima se siente -ante actitudes así- doblemente agredida.
Las decenas de ojos que vieron como a Orlando y a mí nos metieron a golpes en un auto, preferirían  no testificar, sumándose así al bando del criminal.
El doctor que no levanta un acta de maltratos físicos porque ya ha sido advertido de que en este “caso” no debe quedar ningún documento probando las lesiones recibidas, está violando el juramento de Hipócrates y haciendo un guiño cómplice al culpable. A quienes les parece que debería haber más moretones y hasta fracturas para empezar a sentir compasión por el atacado, no sólo están cuantificando el dolor,  sino que le están diciendo al agresor: “tienes que dejar más señales, tienes que ser más enérgico”.
Tampoco faltan los que siempre van a alegar que la propia víctima se autoinfligió las heridas, los que no quieren escuchar el grito o el lamento a su lado, pero lo resaltan y lo publican cuando ocurre a miles de kilómetros, bajo otra ideología, bajo otro gobierno. Son los mismos descreídos a los que les parece que la UMAP fue un divertido campamento para combinar la preparación militar y el trabajo en el campo.  Esos que aún siguen creyendo que haber fusilado a tres hombres está justificado si de preservar el socialismo se trata y  que cuando alguien golpea a un inconforme, es porque este último se lo buscó con sus críticas. Los eternos justificadores de la violencia no se convencen ante ninguna evidencia, ni siquiera ante las breves siglas E.P.D. sobre un mármol blanco. Para ellos, la víctima es la causante y el agresor un mero ejecutor de una lección debida,  un simple corregidor de nuestras desviaciones.

Breve parte médico:
Estoy superando las lesiones físicas derivadas del secuestro del viernes pasado. Los moretones van cediendo y ahora mismo lo que más me molesta es un dolor punzante en la zona lumbar que me obliga a usar una muleta. Anoche fui al policlínico y me han puesto un tratamiento contra el dolor y la inflamación. Nada que mi juventud y mi buena salud no puedan superar. Afortunadamente, el golpe que me di cuando pusieron mi cara contra el piso del auto no ha afectado mi ojo, sino solamente el pómulo y las cejas. Espero estar recuperada en pocos días.
Gracias a los amigos y familiares que me han atendido y apoyado, se están desvaneciendo incluso las secuelas psíquicas, que son las más difíciles. Orlando y Claudia todavía están bajo el shock, pero son increíblemente fuertes y también lo lograrán. Ya hemos empezado a sonreír, que es la mejor medicina contra el maltrato. La terapia principal sigue siendo para mí este blog y los miles de temas que todavía me quedan por tocar en él.
(Nota del editor: post dictado por teléfono)



Knuck knuck Knuckin’ on my nuca
 Miro mi nuca.
No ha sido nada.
Un cinturón de petequias por la demasiada fuerza de un efebo oficial y acaso por mi mala coagulación.
Miro mi nuca en un jpg.
Según se interprete, es insultante o interesante de contar.
En el principio no fue el Verbum, sino la Barbariem.
Violencia extra-verbal a pulso.
Caminar en El Vedado será a partir de hoy una experiencia extrema.
La Avenida de los Presidentes remitirá ahora a una prisión post-principesca.
En segundos, Yoani y yo estábamos de brazos torcidos dentro de un auto importado desde nuestra Madrastra Patria: China.
Mi cabeza contra la alfombra del carro y Yoani casi de patas arriba.
No pude verla, la identifiqué porque no se callaba ni maniatada.
En segundos, la oí gritar con la vehemencia del ser más libre del planeta.
Tenía una rodilla de macho cubano clavada en el pecho y todavía los increpaba.
En segundos, de esa energía chupé fuerzas para sostener un poco mi voz.
Me dijeron que le dijera a Yoani que se callara.
Esa frase, pronunciada por tres desconocidos a nombre del Estado Cubano, resume toda la escenografía obsoleta y obscena de este país:
Díganle a Yoani que se calle.
Díganle a Yoani que se calle.
Díganle a Yoani que se calle.
En segundos, nos depositaron despóticamente en una esquina que confundí con el patio interior de un barracón.
Yo estaba mareado.
Sentí asco, tuve ganas de vomitar.
No podía mover el cuello.
Abracé a Yoani (antes nunca lo había hecho).
Empezó a sollozar.
La mujer más grande de Cuba parecía una niñita de cero años.
Porque Yoani es eso: el futuro de Cuba cristalizado sobre un esqueleto frágil e irrefrenable.
La besé en la cabeza. Su pelo tironeado con odio olía a la libertad.
Una.
Dos.
Diez.
Incontables veces besé su cabeza sin edad.
Pero nunca le dije que se callara.
Pero nunca le dije que se callara.
Pero nunca le dije que se callara.


Orlando Luis Pardo
La Habana



Prefiero víctima que verdugo



No quería escribir, mi paranoia me decía que debía esperar a estar otra vez en mis cabales. Estas últimas 48 horas he estado irascible, hiriente, histérica, comprensiva, maternal y con instintos asesinos… he querido matar y he querido salvar. Me he sentido agradecida hacia la policía por protegerme de la seguridad del estado y he querido arrasar con ese cuerpo que responde ante las órdenes de desconocidos. He deseado estar en el cuerpo de Yoani y sufrir el dolor, me he sentido merecedora de piñazos o digna de liderar el Juicio Final. Me he imaginado capaz de taladrarle la cabeza a los que golpearon el viernes a Yoani y a Orlando y a mí no, y me he preguntado por qué. He perdonado y he vuelto a juzgar.
He sentido la culpa y he culpado, me he preguntado tantas cosas que no me da tiempo a responderme. Traté de reconstruir los hechos dos millones de veces pero creo que las lagunas son cada vez peores. No recuerdo qué twittié de la patrulla, no sé si el primer twitt fue cuando me agarraba con fervor de la cintura de Yoani o cuando veía sus piernas colgando del carro negro de la seguridad. No recuerdo si llamé, si no llamé, a quién llamé. No evoco ni siquiera la cara del seguroso que iba a mi lado. Lo que sé es que aguantaba las ganas de vomitar todo el tiempo, me arrepiento de no haberle echado todo el café que tenía en el estómago a mi represor encima…en ese momento trataba de parecer fuerte.
Una amiga escritora me dijo: Para qué esperas, cada vez que escribes te desdoblas, no hay nada que puedas ocultar. Tiene razón, da igual que lo sepan: la brutalidad me confunde, el abuso me da ganas de llorar, la injusticia me descoloca y he tenido que luchar estas últimas horas con un Odio profundo que me quiere colmar.
Una sola imagen me libera, imagino el diálogo del quebrantahuesos con su hijo:
- Papá, ¿qué te enseñaron en la academia?
- Me enseñaron a dar golpes muy duro sin que quedaran marcas.
Entonces se me acaba la furia y la roña, porque una profesión tan ruin y deleznable, no despierta ningún sentimiento en mí.

November 7, 2009

RE: Leyendo tus líneas desde Puerto Rico

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Primero que nada, gracias por leerme.
No, no le escribes a una pantalla ciega. Yo, aunque sin internet la mayor parte del tiempo, ando por aquí, para ti.
En el ciberespacio siempre vas a descubrir que hay múltiples voces expresando exactamente lo mismo que tú piensas pero con infinitos matices.
Ese es el magnetismo, impresionante, pero ya común para los asiduos, esa la adicción que produce, a veces negativa pero las más, se torna por el contrario poderosa en el sentido de voluntad creativa, de fuerza colectiva, de energía libre y liberadora al saberte conectado –literal e interiormente- con tanta gente similar y diferente. Tanta gente dispuesta a leerte, a ayudarte, a  pero sobre todo tanta gente deseando expresarse libremente. Internet no puede ser una fuerza peligrosa, niego tal disparate, que los gobiernos represores como el mío intentan propagar bloqueando sitios, dificultando el acceso y deslegitimando a los que no quieren callarse. No podemos callarnos. Por el contrario gritamos con mucha más fuerza porque queremos hacerlo, intentamos ser libres, no sólo  virtualmente sino serlo con toda nuestra esencia. La prohibición sólo puede generar más ansias de aquello que te niegan. Entonces, obviamente, se trata de una libertad interna más que nada, y ésta nadie te la puede arrebatar, pero sí incentivar al violar uno tras otro tus derechos como ser humano y social. Por eso cada voz que se desata de la censura y los abusos de poder, de las violaciones constantes que vivimos los que no somos libres -al menos no como individuos sociales- cada puntico intermitente en el ciberespacio, es como una estrella destellante, multicolor.  
Ayer golpearon y secuestraron a mis amigos sin la menor indulgencia, los sustrajeron de la calle y luego los arrojaron a la misma. Esta violación inconcebible se practica en mis calles a pleno día y mi país sigue saliendo al mercado turista internacional como la isla alegre caribeña, donde los niños son felices y la gente no anda con armas de fuego: ¿cómo el hijo de mi amiga golpeada puede ser feliz al saber que a su madre la pueden meter a la fuerza en un carro y atropellarla con violencia verbal y física, y que esto pueda pasar en cualquier momento? A ella no le dan permiso de salida y ahora pretenden  obligarla prácticamente a no salir ni siquiera de su casa. El miedo es el arma más antigua de la represión. Los gobiernos totalitarios conocen muy bien su efecto paralizante. Dos parejas de policías en cada esquina, miles vestidos de civil entre la gente común: no son necesarias las grotescas patrullas escudadas ni los tanques de guerra para percibir el terror en cada rostro. Una autoridad arbitraria y un poder mezquino no puede concebir niños felices sino familias enteras atravesadas por el horror, visible en cada una de las personas que transitan y viven sus vidas normalmente atemorizadas. Pero ni a ni a Amaury ni a Eligio , ni a Yoani ni a Orlando ni a Claudia ni a Ciro ni a Claudio, Liz, ni a Iván, Laritza, Miriam, Pacheco, Reinaldo, Aleaga, Irrutia, Constantín, Dimas, ni a ninguna de las tantas voces que se multiplican por día en este pedazo de tierra nos pueden frenar. Más allá del límite de la frágil seguridad personal. Sobreponiéndose al odio. Estas voces irán en aumento hasta el infinito, ese es el orden natural y  escucharlas (reconocerlas, leerlas) es la única ley a respetar posible. Estas voces ya están grabadas en el firmamento ciberespacial, dispersas por doquier y su desaparición es impensable: más bien el estallido general de nuestras voces luminosas será suficiente evidencia para el mundo. Y ese, como cantaran los contestatarios argentinos Bersuit, ese estallido se viene ya, rotundo.
↓↕↖↗↘↙↑
beso,
Lia
↓↕↖↗↘↙↑
grito, luego existo...
crear es resistir



He leído tu entrada donde narras un poco de tu vida, de forma fragmentada como pastiche anti-modernista, y decidí escribirte.

Quizás es más una prueba que un emilio (correo electrónico) propiamente redactado. (No sé si continúes con esta cuenta de emilio, tampoco sé con cuánta regularidad lo lees ni si debo extenderme demasiado como para ocupar tu tiempo leyéndome solo a mí). [¡Vaya, pero que baja autoestima me ha salido! ¡Venga!]

Nada, luego de ese debate esquizoide que, en vez de pensarlo lo escribí, quería decirte, "hola".

¿Alguna vez te has preguntado si habrá alguien más en el mundo que esté leyendo lo mismo que tú o reflexionando sobre lo que tú reflexionas? A mí me pasa muchísimo y resulta que mientras leía tu blog/diario me percataba que compartimos pensamientos similares sobre: la obedencia, la indoctrinación, la autoridad, el deseo, la música, el arte y la literatura.

Ojalá que no le escriba a una pantalla ciega con un marcador que pestañea y pestañea en el vacío infernal del ciberespacio, me gustaría saber de tí (o de tu simulacra - diría Baudrillard) y, si te interesa, te cuento de mí y mi gulag insular colonial.

Un abrazo desde la otra ala del pájaro caribeño herido,

Iván


November 6, 2009

encerrona a Orlando, Yoani y Claudia en el Vedado

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en PD

Una amiga de Orlando llama nerviosa. Aparentemente Orlando, Silvia, Claudia y Yoani estaban en algún lugar del Vedado luego de ser víctimas de una encerrona por un carro al que pudieron tomarle la chapa al menos no identificado. Enseguida llamé a Claudia al móvil, la habían soltado en algún lugar de Nuevo Vedado, pero no me pudo decir mucho más porque no tenía crédito en el móvil, lo mismo Yoa. Orlando me llamó hace cinco minutos: les aplicaron llaves y estaba mareado con un dolor de cuello increíble. Esto sucedía en la cola de la parada del P-11 en 29 y G. a la vista de varios conocidos, entre ellos la joven narradora Ketty Blanco. Orlando atinó a soltar el móvil por la ventanilla y no se sabe si alguien pudo haberlo recogido. A las muchachas también parecen haberlas maltratado, los separaron en dos carros, quizás TUR, a Yoa y Orlando por un lado y Silvia y Claudia por el otro. Ellos querían ir a un performance de los OMNI en el parque Mariana Grajales de 23 y C. No sé mucho más. Orlando estaba muy aturdido, con Yoa no pude hablar. Los soltaron por Loma y Paseo. Por algún lugar cerca de la Plaza.

November 3, 2009

Raúl Flores: Ropa Sucia

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Paredes blancas.
Nada más que paredes blancas.
Ella dirá después No mires la ropa sucia, pero por el momento no hay más que paredes blancas a nuestro alrededor.
También tiene garabatos en las manos.
Las lleva cubiertas de laberintos sin salida.
Tinta negra sobre las manos.
Dirá también Hay veces que siento mi vida perderse entre mis dedos, y sus manos continuarán cubiertas de tinta.
De laberintos también.
Laberintos sin salida.
Con esas manos ella cubre la cama.
(Cama sola entre paredes blancas. Manos entre laberintos) y el síndrome de la abstinencia aparece en sus ojos claros.
Después dice No mires la ropa sucia y descubro un pequeño bulto de vestidos apoyados contra la pared del fondo.
Ropa contra pared blanca.
Ropa sucia, según ella.
Yo no me fijo en esas cosas, le digo.
Además, seguro tengo un concepto de suciedad distinto al tuyo.
Oh, dice ella con dulzura, pero ésas sí están sucias. Independientemente de tu concepto de suciedad y limpieza esas ropas están realmente sucias.
Y después empieza a contarme.
Esas paredes no eran blancas, ¿no se nota? Eran blancas, pero no lo eran. He tenido que fregarlas durante todo el fin de semana.
¿Fregarlas?, le pregunto, ¿fregarlas por qué?
Sangre, dice ella, para quitar la sangre.
Sangre por toda la pared. Sangre en mis manos. Sangre en mi ropa. Y yo fregando como una loca. Ahora la ropa está sucia. Y mis manos también. Pero las paredes están limpias. Y eso es lo que importa. La sangre se ha ido y las paredes están blanquitas, blanquitas, ¿no se nota?
Se nota, le digo, y ella dice Voy al baño, espérame un momento.
Ella se va y las paredes blancas me rodean, me envuelven, me ciñen como un pantalón mal ajustado.
El blanco me devora vivo.
El bulto de ropa sucia atrae como magneto de acero.
...el turbio placer de lo prohibido...
Entre tanto blanco me acerco a sayas verdes, blusas rosadas y ropa interior blanca, tan blanca como las paredes que me rodean.
Tomo la ropa entre mis manos y todo reluce de limpieza, por lo menos, según mi concepto personal de limpieza.
No hay manchas de sangre, no hay olor a sudor.
Pongo todo en su sitio y regreso a la cama.
Ella regresa del baño y todo se convierte en un eterno regreso.
Se sienta en la cama y el síndrome de la abstinencia vuelve a brillar en sus ojos claros.
¿Te sientes bien?, me pregunta.
Yo asiento.
Quiero que te sientas bien en mi cuarto, dice ella, para eso es mi cuarto.
Después mira las paredes.
Las paredes blancas.
Se están volviendo a ensuciar, murmura, ¿no lo notas?
Yo digo que no pero ella suspira.
Se están volviendo a llenar de sangre.
También dice Voy a tener que volverlas a fregar este fin de semana.
Se queda callada por un instante. Mirando al vacío.
O quizás mirando las paredes, no sabría decirlo.
Yo también me quedo en silencio.
Mirando al vacío , o quizás mirando los laberintos dibujados en sus manos.
No sabría decirlo.
Ella me ve mirándole las manos.
Las levanta y se las acerca a los ojos, como si las viera por primera vez.
Sus manos cubiertas de tinta.
Llenas de laberintos.
Laberintos sin salida.
Hay veces que siento mi vida perderse entre mis dedos, dice ella entonces y se echa a llorar.


Del volumen Días de lluvia
Raúl Flores Iriarte, 2004
(Centro Provincial del Libro y la Literatura de La Habana)

Visita la 33y1tercio!

October 16, 2009

"comrade" and "voices", by Adrienne Rich

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pic by Ricardo Villares, 2009

comrade

Little as I knew you I know you: little as you knew me you
know me
-that’s the light we stand under when we meet.
I’ve looked into flecked jaws
walked injured beaches footslick in oil
watching licked birds stumble in flight
across your own oceans in visionary pain and in relief
lour city’s wounds ancient and fertile
listening for voices within and against.
My testimony: yours: Trying to keep faith
not with each other exactly yet it’s the one know and
unknown
who stand for, imagines the other with whom faith could be
kept.

In city your mind burns wanes waxes with hope
(no stranger to bleakness you: worms have toothed at your
truths
but you were honest regarding that).
You conspired to compile the illegal discography
of songs forbidden to sing or to be heard.
If there ethical flowers one would surely be yours
and I’d hand it to you headlong across landmines
purposefully, with love, a hand trying to keep beauty
afloat
on the bacterial waters.

When a voice learns to sing it can be heard as dangerous
when a voice learns to listen it can be heard as desperate.
The self unlocked ward from solitary from preventive
detention
sees in her thicket of hair her lost eyebrows
whole populations.
One who discharged from war stares in the looking-glass of
home
at what he finds there, sees in the undischarged tumult of his
own eye
how thickskinned peace is, and those who claim to promote
it.



voices (final fragment)

“In the heart of the capital of Capital
against banked radiations of azalea
I found a faux-marble sarcophagus inscribed
H E R E  L I E S  T H E  W I L L  O F   T H E  P E O P L E
I had been wondering why for so long so little
had been heard from that quartet.
I found myself there by deepest accident
wandering among white monuments
looking for the Museum of Lost Causes.

A strangely focused many-lumened glare
Was swallowing alive the noon.
I saw the reviewing stand the podium draped and swagger
The huge screen all-enhancing and all-heightening
I heard the martial bands the choirs the speeches
amplified in the vacant plaza
swearing to the satellites it had been a natural death.”


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October 15, 2009

"La realidad cubana es más dura que cualquier película"

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ENTREVISTA: ALMUERZO CON... LUIS ALBERTO GARCÍA

"La realidad cubana es más dura que cualquier película"

MAURICIO VICENT

En La Cocina de Lilliam hoy no hay garbanzos fritos, uno de los platos
preferidos de Luis Alberto García. Pero da igual. Elegimos esta afamada
'paladar' de La Habana por otra razón: este restaurante privado fue la casa
de Minin Bujones, una de las primeras actrices que tuvo Cuba, y hoy nuestro
propósito es hablar de cine... Bueno, de cine y -como siempre- de
política... "Es una maldición. Cuando te entrevistan o sales de Cuba te
preguntan antes por Fidel Castro que por tu última película", dice el actor.

El actor y director cubano seguirá con sus personajes incómodos

A sus 47 años, el cine y el teatro están en el centro de su vida. Su padre
era un conocido actor cubano y él ha trabajado en más de 30 largometrajes y
otros tantos cortos, además de participar en numerosas series televisivas y
de dirigir un documental. "Me gustan los personajes negativos: tienen más
sustancia, más hueso", dice.

Pide una cerveza fuerte y comenta que sus últimos papeles reflejan
realidades antes nada frecuentes en el cine cubano: un policía corrupto en
una película que habla sobre la prostitución masculina; un padre
maltratador; el ciudadano Nicanor O'Donnell, un antihéroe protagonista de
una saga de aventuras cortas que critican con mordacidad la realidad
socialista.

"Cada vez en el cine hay más vocación de riesgo y un mayor compromiso con la
verdad", afirma. Los argumentos están más pegados a la realidad y "la
realidad es más dura que cualquier película". Cree que el auge del cine
independiente en Cuba ha contribuido a derribar muros, aunque a veces hay
que pagar un precio por la irreverencia.

Lo sucedido con la saga de Nicanor lo demuestra... En el primer corto,
llamado Monte Rouge (2004), dos agentes de la policía secreta se presentan
en casa del protagonista y le piden permiso para instalar unos micrófonos y
grabar sus conversaciones "contrarrevolucionarias". La divertida parodia
sentó tan mal que Luis Alberto y los demás participantes estuvieron meses
vetados en televisión. "Casi nos transforman en traidores a la patria",
afirma. "En otros lugares nos querían presentar como los líderes disidentes
que no éramos", y hasta hubo quienes dijeron que el corto lo había mandado
hacer el Gobierno para dar una falsa imagen de apertura. "En fin, da risa,
pero es lamentable".

La séptima entrega de Nicanor (Pas de Quatre) acaba de salir. "Ante lo fatal
que está el transporte, Nicanor decide hacer algo por cuenta propia para
ayudar a los demás... Pero hasta eso levanta ronchas y termina con un
batacazo en la cabeza".

Pide un postre bien cubano, cascos de guayaba con queso. Dulce y salado.
Luis Alberto recuerda que Minin Bujones se fue de Cuba nada más triunfar la
revolución. Como la mayoría de los cubanos de su generación, él tiene muchos
amigos fuera del país. "Demasiados", sentencia. Cree que la única forma de
que los jóvenes no sigan marchándose "es que sientan que pueden tener un
futuro aquí, y eso no se consigue con consignas". De los famosos y esperados
cambios, mejor ni hablar...

Antes del café Luis Alberto García lo dice bien claro: no se va a largar de
su país, ni va a abandonar los "personajes incómodos". Y amén.

La Cocina de Lilliam

- Punta de filete, 15 CUC (peso convertible).

- Cascos de guayaba, 3.

- Filete a la Dutch, 15.

- Cerveza, agua, cafés 14,85.

(Texto publicado el 13/10/2009 en El País)
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October 14, 2009

viernes a las 5 en Casa

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ÓPTICO´70. ENSAYOS DESDE EL DISEÑO GRÁFICO CUBANO

cid:010401ca490d$dc233da0$4119a8c0@casa.cult.cuEste viernes 16, a las 5 de la tarde, quedará inaugurada en la Casa de las Américas la exposición Óptico´70. Ensayos desde el diseño gráfico cubano, integrada por carteles, portadas de discos, revistas, ilustraciones y una animación realizada por Raúl Valdés (Raupa) sobre los diseños del Grupo Cubano de Arte Óptico.

La muestra se inscribe dentro del Año Cinético de la Casa de las Américas, y comprende piezas gráficas realizadas durante la década de los setenta para la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la institución fundada por Haydee Santamaría.

La propuesta curatorial toma en cuenta el grado de actualización que poseían los diseñadores gráficos cubanos de ese período en torno a las corrientes óptico-cinéticas entonces en boga en el ámbito internacional.

Trabajos realizados por casi una veintena de diseñadores gráficos se incluyen en la exposición, entre ellos, los de muy reconocidos representantes de esa manifestación en la Isla como Julio Eloy, Rafael Morante, Umberto Peña y Alfredo Rostgaard.

 

 

October 13, 2009

más de Svankmajer...

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mas de Svankmajer..., originalmente cargada por lia villares.

Raúl Flores: Balas

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Raúl Flores: Balas, originalmente cargada por lia villares.
BALAS

A todos nos ha golpeado alguna vez bala de salva. Muchos no parecen
acusarlo, pero así es. Apostados escuadrones enteros en cima de edificios
poco altos, casa de vivienda, comercio y vaquería, armados con fusiles de
repetición y mirilla telescópica. Disparan al tuntún, a ver qué pasa. Por
suerte, bala de salva.
No en balde anda el pueblo a paso rápido, cabeza gacha. No vaya a ser que
disparen por error sobre uno, a ojo de buen cubero, o por diversión.
Las viejas van con revólver y pistola automática a la bodega. Le disparan al
bodeguero en la cabeza si son mal atendidas. Solo pólvora seca, pero a tres
pies de distancia pica como bofetada. A nadie le gusta ser abofeteado, creo
yo.
Las cobradoras de multas ya no multan. Te disparan. Por una falta grave,
pueden llevarte hasta el pelotón de fusilamiento instaurado para tales
fines.
Tanta explosión de pólvora puede cegar. Esta es una secuela a ser tomada en
cuenta. Se han disparado astronómicamente las ventas de espejuelos oscuros.
Las chicas van por ahí como estrellas de cine. A nadie le gusta quedarse
ciego, creo yo.
(Vigilar y castigar de Foucault constituye un discreto best-seller en los
marcos de esta ciudad. No obstante, a pocos aquí les gusta leer. No parecen
acusarlo, pero así es.)
Si te llevan al pelotón de fusilamiento puedes pasarlo mal. Todo el proceso
es filmado y después televisado. Para edificación de futuros infractores,
para cosmovisión de los no-ajusticiados. Puedes quedar ciego frente a cámara
de televisión, frente a todo el país. A la gente parece gustarle el asunto.
Las chicas de espejuelos oscuros, como estrellita de cine. Los fusiles pum
pum pum y flores de fuego salen del extremo de los cañones. Los
fusilamientos se hacen en la noche, por eso se ven de esa manera. De día no
se vería flor de fuego.
(Las viejas les disparan a los bodegueros a cualquier hora; pólvora seca
bofetada en el rostro.)
A los presos comunes les disparan con balas trazadoras. Brilla más y da
lustre, dice la Academia. Estos fusilamientos también son televisados y no
es flor de fuego saliendo de los cañones de las armas, sino pequeño sendero
de luz.
No se ve caer a los presos. Los amarrarán a postes, creo yo.
Espejuelos oscuros y Foucault en el bolsillo para lo que pueda suceder. Paso
rápido, cabeza gacha. Las balas de salva están llegando a su fin, corre el
rumor por ahí. No se sabe que vendrá después. Nadie quiere ser golpeado por
bala trazadora, creo yo.

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"in the cellar" (1978), by Jan Svankmajer

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Cuando me hablaron de este autor, no antes del año pasado, hice un pequeño
recuento en mi memoria de toda la animación rusa en stop motion que los
niños cubanos tuvimos la suerte o la desgracia de poder consumir, a falta de
mejores alimentos, como la literatura; y sí, repito: afortunadamente para
unos, como yo, pero también harto tediosa para otros, los más. Como
experiencia creativa puedo afirmar con toda seguridad que ha sido una de las
revelaciones artísticas que más han influido en mi expresión y mi manera de
ver y pensar el mundo en toda su fuerza de creación continua.

Pero de Jan Svankmajer aquí nunca se dijo nada. Ni papa. Ni se le mencionó
siquiera. Es una de las críticas más fuertes y jueguetonas, irónicas y
sarcásticas, al comunismo que cabe imaginar. La osadía de este autor apenas
conoció límites. Se burló de la censura cuanto quiso, y su obra resultó ser
maravillosamente peligrosa y molesta para su época. Como artista no le tenía
miedo a las palabras "agitación" o "propaganda" y sí se sentía políticamente
comprometido.

Creció en la Praga manierista y decadente y se desarrolló en la Praga
estalinista de Gottwald por cuarenta años.

Creo que los sistemas despóticos son directamente proporcionales a la
creación artística: a mayor censura y prohibición, pues más arte. En
explosión.

Mientras más cruel sea el régimen, tiene que existir por ley una mayor
búsqueda de libertad.

Así es que la obra surrealista, fantástica o mágica de "el animador de
Praga" está llena de contenido real ideológico y simbólico que ridiculiza y
muestra la descomposición y corrupción del totalitarismo y de los políticos
de esa época. El que haya animado precisamente sólo objetos reales
–personalidades reales en bustos y retratos- deja traslucir claramente su
intención de no querer separar la realidad de lo fantástico. Y si el
espectador no conoce el contexto histórico, pues se pierde todo o casi todo
el sentido. El suyo no es un surrealismo estético sino más bien un concepto
filosófico. Su deliciosa técnica es fácilmente reconocible, porque su estilo
es claro y alarmante, sobrecogedor: ya sea por la música justa o por la
cámara en movimiento o por los objetos animados en sí mismos: todo el
conjunto hace una indiscutible obra única, inmensamente valiosa. Todo el que
haya vivido una dictadura totalitaria tiene un background muy similar en
materia de miseria y represión. Los símbolos surrealistas son una constante
y las regresiones a la infancia que padeciera lo peor construyen una memoria
indisoluble al absurdo irreal y grotesco en el que crecimos.

Espero que puedan encontrar más sobre este director. Hay un documental muy
bueno por ahí, checo. Les recomiendo Dialogue Dimensions (1987), Down in the
cellar y Alice (una versión fiel y completica en stop motion de la Alicia de
Lewis Carroll al estilo oscuro y macabro de Svankmajer).
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dis tortue...

dis tortue...
enlace a mi cuento "Dis tortue, dors-tu nue?" (bajarlo en pdf)

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la 33 y 1/3 de Raulito

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tanto pedimos?

Artículo 9 Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

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1984

liz & jaad en el café literario

*neda mean voice*

If an innocent girl gets shot halfway across the world, does she make a sound? Yes, the whole world hears her. #iranelection #neda

sobrevivientes, by María Villares

Maricarmen Villares

Ricardo Villares

aliento

el "Aliento" de Rafael Villares en San Alejandro ...y se levantaron unos tras otros, hasta recuperar el aliento, y de un soplo fueron plantados en el cielo. (Rolando Vázquez, palabras inaugurales)

"De soledad humana"

Los objetos de la vida cotidiana están relacionados con todos los hábitos y las necesidades humanas que definen el comportamiento de la especia.Nosotros dejamos en lo que nos rodea recuerdos, sensaciones o nostalgias, y a nuestra clase le resulta indispensable otorgarles vida, sentido y unidad (más allá de la que ya tienen) precisamente por el grado de identificación personal que logramos con ellos; un mecanismo contra el olvido y en pos de la necesidad de dejar marca en nuestro paso por la vida.La cuestión central es, ¿Cuánto de ellos queda en nosotros? ¿Cuánto de nosotros se va con ellos? (fragmentos de la tesis de grado de Rafael Villares, San Alejandro, enero 19, 2009)

de soledad humana

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Éxodo de un Diente de León

Rafael Villares Centro de Desarrollo de las Artes Visuales agosto 2009

manolito

lean & manolito by claudio fuentes Las locuras no hay que provocarlas, contituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o su inoportunidad. Lezama

neon-klaus

neon-klaus

Lean

la superpanorámica del lean para hechiz

panoramilean at claudia´s

claudio y magdalena

Claudio Fuentes

stich-in-the-air!

moi sala gorki

san martín de los andes

rostros nostros, de Su (fragmentos)

Mis pelos con

En el mar

Mi pelo largo en tu almohada

Tu pelo largo en mi cara

Tu café por la mañana

Escucho el mar, se mueve

¿Qué puedo decirte?

Mi pelos sin

En la montaña

Mi pelo corto en mi cama

Tu pelo corto en mi pecho

Hierba por la mañana; do boitau

Escucho la lluvia, arriba la madera

¿Qué puedo pedirte?

Suyai Otaño

tu dibujo en la arena...

suyai y lia una tarde en Varadero

cubanemia fetichista

polaroid para Su

Memorias del subdesarrollo

El "happy end" ha sido, y es, un arma ideológica para alentar y consolidar el conformismo en grandes sectores del pueblo...
Sergio reflexiona que en una sociedad subdesarrollada la gente necesita que haya quien piense por ella. Ésto es un problema a solucionar. El día en que cada ciudadano piense por sí mismo, la película habrá envejecido realmente y yo estaré muy contento de que quede como un testimonio de un momento de lucha, de un momento difícil.
Tomás Gutiérrez Alea

sergio

sergio

dummys habanémicos

from vancouver

garnet

el coppelia de antaño!

desde el balcón de la calle fábrica

en luyanó, la calle justicia

klínika cuestionario

Entrar, salir de la máquina, estar en la máquina: son los estados del deseo independientemente de toda interpretación.

La línea de fuga forma parte de la máquina (…) El problema no es ser libre sino encontrar una salida, o bien una entrada o un lado, una galería, una adyacencia.

Giles Deleuze, Felix Guattari


klínica de literatura menor

por jaad

Cualidades del rizoma:

1) conexión

2) heterogeneidad

3) multiplicidad

4) ruptura a-significante

5) calcomanía

6) cartografía ___________________



Las tres primeras características: conexión, heterogeneidad, multiplicidad.


El rizoma hace máquina siempre, es decir, se expande, se conecta, se ramifica, se multiplica. Es producción constante.


El deseo es rizomático, es producción rizomática. El inconsciente como máquina deseante no deja de producir, de agenciar deseo. Por eso el inconsciente produce realidad.


El inconsciente como fábrica y no como teatro.


¿Por qué empleamos el término de máquina?


¿Qué es máquinar deseo? ¿Qué sería producir inconsciente?.


El rizoma es movimiento. Siempre movimiento de desterritorialización, desestratificación, siempre una fuga.


Un agenciamiento rizomático, por ejemplo, es un agenciamiento creativo. Justo cuando la creación literaria se volvió más rizomática, se confundieron los géneros, se hicieron más borrosas las fronteras entre géneros. Incluso, hemos llegado al no-género.


Los rizomático conecta puntos distantes uno del otro, diferentes entre sí.


Una lectura rizomática es la que puede, por ejemplo, plantear las similitudes entre un caballo de trabajo y un buey; y las diferencias entre ese caballo y otro de carrera. O las similitudes entre un escritor realista y un escritor no realista. Entró escritor cubano, por ejemplo, y otro alemán. Es la lectura a través de modos no de géneros ni especie.


Rizoma: mutación constante.


Los rizomático está abierto al devenir.


Volviendo las cualidades del rizoma:


Cualquier punto del rizoma puede conectarse con cualquier otro, y debe serlo.


Romper la sospechosa cadena causal entre dos puntos


Trazar líneas y no hacer el punto.


En un agenciamiento entran, confluyen, se mezclan un sinfín de elementos naturales, artificiales, físicos, químicos, intensidades y afectos de todo tipo y en diversos grados. Por ejemplo, nos ocurren muchas cosas, positivas y negativas, pero todos esos afectos y afecciones se borran o se reducen a una causa o a pocas causas, según nuestro régimen de signos (nuestra manera de pensar) y según nuestro regímen de cuerpos (nuestra manera de sentir). Interpretamos según nuestros códigos de lecturas (enunciados y experiencias), y estos códigos pueden ser más creativos o miméticos (en el primer caso es un código elaborado sobre un mapa, en el segundo sobre un calco). Un determinado acontecimiento negativo, por ejemplo, que paraliza a una persona, estimula, sin embargo, a otra a encontrar soluciones, a producir, a trazar líneas y no quedarse en un mismo punto (muchas veces en una queja, o en una crítica que forma parte de la representación criticada, es decir, una crítica que forma parte de lo criticado, que forma parte de la misma representación, como parte del mismo juego que aunque se critique, gustosamente se sigue. Regresaremos a este punto en el caso de Kafka).


Queremos siempre interpretar, organizar lo que nos sucede, explicarlo, tener razones y causas. Es decir, andamos siempre codificando y estratificando todo lo que experimentamos; queremos vivir en la pura certeza, con el mínimo de incertidumbre posible. Por estas razones, siempre en un agenciamiento existe un plano de organización, y por supuesto, es necesario. Recordemos que no sé trata de crear relaciones dicotomicas entre esos dos planos (plano de organización y plano de composición), sino relaciones fluidas, dinámicas, creativas, que aumenten, como diría Spinoza, nuestra potencia de actuar. (Recordemos que un agenciamiento tiene tres caras: expresión, contenido, y máquina abstracta; y que la expresión corresponde al plan organización, que es el plano los estratos; y que el contenido corresponde al plano de composición, que es el plano de los flujos aún no estratificados). El asunto es preguntarnos cómo ese nuestro plano de organización, cuáles son su líneas duras, su líneas flexibles, y sus posibles líneas de fuga (esas líneas defensivas, que aún no sabemos, en el momento de su aparición, si son buenas o malas, pero que son las líneas que nos permiten agenciarnos nuevos territorios, es decir, nos permiten sumar nuevos agenciamientos). ¿En qué agenciamiento estamos parados? ¿Desde que agenciamiento o agenciamientos pensamos y sentimos, vivimos, creamos? Como diría Deleuze, no importa si me amas o no, eso no lo voy a cuestionar, sino, ¿desde que agenciamiento me amas? ¿Desde un agenciamiento despótico, de dominación, o desde un agenciamiento creativo, siempre abierto al devenir? En fin, no es que no organicemos, que no expliquemos, que no busquemos razones y causas, que no codifiquemos o estratifiquemos, sino como, de qué manera, organizamos, explicamos, buscamos razones y causas, codificados, estratificamos. La pregunta que siempre se hace desde el Esquizoanálisis es ¿cómo funciona el agenciamiento? ¿Qué función asegura? Luego, después, ¿en qué consiste, cuáles son sus elementos y sus relaciones (conexiones)?.


Las cualidades uno y dos del rizoma (conexión y heterogeneidad), le permiten maquinar con otros puntos, con otros regímenes de signos y cuerpos, le permiten desterritorializarse, ampliar el agenciamiento o conectar con otros agenciamientos..


Pocas conexiones, o muchas conexiones pero entre puntos homogéneos, es no crear o no permitir las multiplicidades, la diferencia, es reducirlo todo a una semiótica, a un lenguaje, a una lengua que se vuelve dominante y nos sujeta a modos de representación arborescentes, a agenciamientos de líneas duras, es decir, a modos de pensar y sentir despóticos, poco creativos. Se reprime porque se repite, recordemos esta frase que es la inversión de la idea del psicoanálisis de que se repite porque se reprime. No conectar puntos heterogéneos para crear una multiplicidad (o multiplicidades) es repetir lo mismo, es parte de la represión. Conectar puntos heterogéneos para crear una multiplicidad (o multiplicidades) es repetir la diferencia, es fugar de la represión..


Por eso escriben Deleuze y Guattari: " no hay lengua madre sino una toma del poder de una lengua dominante en una multiplicidad política".


Recordemos una de las características de la literatura menor: desterritorialización de la lengua. Tartamudear. N-1. ¿Cuántas veces hablamos la lengua que nos imponen?


Defender la lengua, el lenguaje, atacándolo. Es decir, desterritorializándolo, sacándolo de esos estratos que lo han estereotipado, haciéndolo delirar. El lenguaje, o la lengua, como un rizoma, buscando siempre nuevas conexiones entre puntos heterogéneos para crear una multiplicidad (de nuevas expresiones y nuevos contenidos). Un uso intensivo antes que un uso extensivo, un uso creativo al es que un uso meramente representativo. Podríamos decir, la lengua, el lenguaje, como fabrica y no como teatro.


Hay una norma académica de escribir bien, una norma literaria de escribir bien, una norma de la tradición de escribir bien.

¿Cuando decimos tal o tal escritor escribir bien o mal a que nos referimos? ¿Qué es para ustedes escribir bien o mal?


Entonces, aquí tenemos las tres primeras cualidades del rizoma: conexión, heterogeneidad, multiplicidad.


La lectura edípica es una lectura arborescente, que siempre busca homogenizar lo heterogéneo, reducir la multiplicidad a una unidad. La lectura edípica siempre lee desde el código, es decir, siempre quiere explicarlo todo desde la cultura con el saber, buscando siempre símbolos, alegorías, metáforas. Siempre busca un significado oculto, una verdad escondida. La lectura edípica, la lectura altamente codificada, es la lectura en profundidad, no porque sea profunda, sino porque piensa en el fondo de algo está clave. Más que los síntomas, le interesan las causas, todo lo contrario a una lectura rizomática, es una lectura de superficie.


Ahora que hablamos de causas y de síntomas, recordemos que un escritor menor, es un sintomatólogo, no un etiólogo; le interesan más los síntomas de las causas.



Cuarta característica del rizoma: ruptura a-significante


El rizoma tiene la potencia de reaparecer porque siempre está mutando, ramificándose, multiplicándose.


Tiene muchas entradas y salidas.


Pero el rizoma muchas veces se arborifica. Queda atrapado, capturado, segmentado, estratificado, sujeto a un significante.


Lo importante es saber del rizoma es un movimiento de territorialización, desterritorialización, re territorialización. Entre un plan organización, se codifica. Lo importante saber que ocurre en aquellos agenciamientos que se desterritorializan, es decir, que nuevos regímenes se forman, que flujos trajeron nuevos (otros) contenidos.


El movimiento del deseo es el movimiento del rizoma. Corte y flujo. Cada vez que es cortado, codificado, debe volver a fluir, no quedar atrapado, bloqueado. ¿Qué es la enfermedad? La interrupción de un proceso, del proceso del deseo; la interrupción del devenir.


El deseo, entonces, como proceso, movimiento rizomático de territorialización desterritorialización y reterritorialización, el movimiento del devenir.


La ruptura a-significante es la cualidad, la potencia de romper con lo significante. Es una manera de tartamudear. Hablar otra lengua, sustraerse, es romper con los estratos de significancia.


También es el reino entre dos mundos (la boda entre dos mundos) la avispa y la orquídea, entre dos elementos heterogéneos. La evolución a-paralela


Citemos un fragmento de la clase de Humberto Sabatini distribuida por correo electrónico:


"... Como ejemplo de estas pujas de fuerzas, el de la orquídea y la avispa: vieron que la orquídea tiene la forma del aparato reproductor de la avispa, lo que hace que la orquídea se desterritorialice al formar una imagen de la avispa. La avispa por lo tanto se reterritorializa en ese imagen porque busca reproducirse. A su vez la avispa se desterritorializa porque deviene aparato reproductor de la orquídea, y la orquídea a su vez se reterritorializa en la otra orquídea donde va a ir la avispa, con su polen, la avispa deviene aparato de reproducción de la orquídea. La orquídea y la avispa hacen rizoma".


Hacer rizoma no es imitar, no es una identificación entre esos dos elementos, sino que es una captura de códigos, un intercambio de flujos, una contaminación, una desterritorialización y una re territorialización.



Características 5 y 6 del rizoma: calcomanía y cartografía.


Tenemos:


Árbol, arborescente, calco, modelo, significante, trascendente, sujeto de la carencia.


Rizoma, rizomático, mapa, no modelo, a significante, inmanente, sujeto del devenir o del deseo.


Reproducir inconsciente, representación, teatro. Es un calco.


Producir inconsciente, experimentación, fabrica. Es un mapa.


El calco es lo que hay. El mapa son los posibles trayectos, los recorridos, en extensión e intensidad.


El calco es imitación, identificación, repetición de lo mismo. El mapa es creación, riesgo, repetición en la diferencia. ¿Cómo crear nuevos regímenes de signos (una nueva semiótica) si no es con la creación constante de mapas?


Es la clínica, por ejemplo, el paciente quiere interpretaciones sobre su caso, de alguna manera es como un espectador viendo su propia obra de teatro, como un sujeto que carece, atado a un significante y a uno o varios modelos, esperando el calco; por eso pregunta ¿qué hacer?.


Citemos otra vez a Humberto Sabatini:


otro ejemplo trabajado se refiere a la memoria, más específicamente a la memoria larga y a la memoria corta. A estas memorias que los neurólogos y los psicofisiólogos distinguen. La corta es a veces del orden del minuto, del instante. Se escribe con ella. No se somete a ninguna ley, y por supuesto, dicen que hay que trabajar con la memoria corta. La memoria larga es histórica, teatral y siempre atrapa y captura. El psicoanálisis es análisis de la memoria larga. El esquizoanálisis propone trabajar con la memoria corta, que tiene como proceso mismo el olvido. ¿Cómo seguir haciendo rizoma y cómo entrar en un devenir si me estoy remitiendo todo el tiempo a una memoria larga? "














klínica de literatura menor

por jaad

mapa-Kafka:

imposibilidad de no escribir


imposibilidad de escribir

en una lengua mayor

imposibilidad de escribir

de otra manera




carpeta "laboratorios de escrituras"

Klínica de literatura menor

Jorge Alberto Aguiar Díaz


El texto que sigue tiene solamente una finalidad: funcionar como resumen, que se entregó en su momento, a los participantes en nuestra Klínica de literatura menor (impartida entre agosto y diciembre de 2006, en La Habana) y que es parte de nuestro proyecto Laboratorios de Escrituras que comenzó con el taller Salvador Redonet en 1999. Dicho resumen parte de los temas debatidos en torno al libro "Kafka: por una literatura menor", de los autores Gilles Deleuze y Félix Guattari.

Las primeras diecinueve preguntas nos sirvieron como breve introducción al esquizoanálisis, o nomadología ( como ninguno de nosotros es especialista, preferimos entonces el segundo término, adoptando la inicial de Kafka, Kleist, Kundera, Capek, como guiño nuestro para distanciarnos así de la clínica). A partir de la pregunta veinte nos concentramos ya en el tema de la
literatura menor.

Al mismo tiempo hay respuestas extensas y breves, como algunas que no se respondieron para que los participantes encontraran por ellos mismos las respuestas a partir de los encuentros impartidos.



Mapa-cuestionario/respuestas:

1-9 deseo

10-19 agenciamiento

16-18 cuerpos

19 tres pasiones

20-35 literatura menor

36-39 deso

40-42 personaje político (K)

48-50 deseo (Edipo)

51-55 deseo (devenir)

56-19

57-62 literatura menor

63 (19-56; 48-50) Edipo

64-48-50, 63, 65, 73 Ley











¿por qué entender el inconsciente como fábrika y no como teatro?

Inconsciente como teatro: representación, mimesis, interpretación, donde todo conflicto se reduce al “sucio secretito de familia”, donde Edipo se convierte en el gran significante que taponea todas las salidas. Desde esta lectura el “deseo” o el “desear” es repetición de lo mismo, y la carencia nos estructura. Deseamos porque tenemos necesidades. Y se repite porque se reprime (algo reprimido en nuestro Inconsciente nos lleva a la repetición). Deleuze y Guattari añaden que el gran aporte del sicoanálisis al capitalismo (o a la capitalística) ha sido Edipo.

Inconsciente como fábrica: producción, creación, experimentación, todo conflicto ya no se reduce a la familia (la familia sólo tiene puertas por donde entran las “fuerzas diabólicas” del afuera, según la idea de Kafka y de estos dos autores), es decir, lo individual (que no lo personal) también es político, se articula a lo político, a lo social (“no hay máquina deseante sin máquina social” dirán estos autores). El deseo (o el desear) no es un problema familiar o personal; el deseo circula en el campo social, se derrama sobre un campo social, y nuestra subjetividad es modelada por los flujos-códigos de ese campo donde se inscribe la familia. Desde esta lectura ya no tenemos deseos porque tenemos necesidades sino al revés. Y no se repite porque se reprime, sino al revés.

Edipo no produce neurosis sino al revés, la neurosis produce Edipo. La neurosis es el deseo sometido que busca expresar su propia sumisión (la enfermedad es un devenir interrumpido), y el deseo sometido o sometedor (y el deseo que goza con su propia sumisión) no es sólo un asunto de familia.

Producir Inconsciente es producir realidad porque el deseo no carece de nada, y su fuerza política es esa: transformar la realidad que nos rodea.

Según el sicoanálisis se repite porque se reprime; según el esquizoanálisis, o la nomadología: se reprime porque se repite. De ahí que la producción, y no la representación, nos permitirá dejar de repetir lo mismo para repetir la diferencia, para encontrar nuestra singularidad (que es una multiplicidad) y que no depende de encontrar ninguna verdad en el fondo de nuestro inconsciente, ninguna verdad oculta, ningún objeto perdido del deseo. El deseo no tiene ni sujeto ni objeto.

2) ¿qué es el devenir?

El movimiento del deseo: territorialización, desterritorialización, reterritorializacion. El verbo “ser” podría cambiarse por el verbo “agenciar”. Devenir es agenciar y agenciarse nuevos territorios, estar abierto al azar, fugar de los planos de organización demasiados estratificados. Devenir es construir nuestra singularidad a través de una experimentación constante. Devenir es estar abierto a toda producción de inmanencia, de deseo, saber crear nuevas composiciones de afectos, nuevas ideas. Devenir es producción y no representación. Saber sustraerse a lo dominante y mayoritario, el devenir siempre es devenir menor.

3) ¿qué es el deseo?

Materia no formalizada, energía, producción constante de intensidades presubjetivas, preindividuales que no tiene ni objeto ni sujeto. Para entenderlo mejor tal vez sea preferible hablar del deseo, nombrarlo, como un verbo: “el desear” en lugar de “el deseo”, ya que es movimiento, es un devenir abierto al azar y al caos que nos desterritorializa siempre, que nos arrastra, que no carece de nada, que no puede representarse. El deseo o el desear es una fuerza política insospechada por su posibilidad y fuerza para crear nuevas realidades. De ahí que producir inconsciente es producir realidad porque siempre es producción de deseo o de un desear que puede trastocar el orden establecido, desterritorializar los agenciamientos despóticos de poder, buscar nuevas semióticas que adelante o arrastren nuevos contenidos. No hay deseo de poder sino que el poder es ya deseo. Cuando hablamos de “deseo fascista” y “deseo revolucionario” nos referimos al deseo capturado en agenciamientos fascistas o revolucionarios, al deseo de "agachar o hacer agachar la cabeza" y al deseo "de levantar la cabeza" (ver pregunta 8)


4) ¿por que la expresiones "maquinar deseo" "hacer rizoma"?

El deseo no es algo natural y espontáneo; el deseo es otra construcción cultural, social, política, circula por el campo social como revolucionario o fascista en dependencia de los agenciamientos, las máquinas (los modos de expresión y los contenidos) que lo pongan en circulación. Y ya no hay diferencia entre “natural” y “artificial”, ¿cuántas veces nuestro desear no se estimula o es cortado por las máquinas tecnológicas, por dispositivos que regulan o normalizan nuestra vida diaria, por la contaminación de modos de expresión y contenidos que ya no nos llegan del mundo natural si no de la propia cultura que ya es una gran máquina que no cesa de producir otras máquinas? El deseo se agencia, se produce, se maquina desde una serie proliferante de máquinas, desde una producción donde el hombre ya es parte de otras máquinas (máquina él mismo), de procesos que ya se han metamorfoseado, contaminado de cultura, de construcciones ideológicas, materiales, afectivas, de todo tipo.

Y el deseo es rizomático porque es producción constante; ya no importa si el desear es natural o artificial, o una mezcla de ambos, el desear buscará siempre sus maneras de expresarse, y como el rizoma, emprenderá entonces sus rápidos o lentos movimientos de desterritorialización. La enfermedad es la interrupción de un devenir, es decir, del propio desear, es un desear o un deseo capturado, sometido. Hacer rizoma es moverse como el rizoma, es buscar siempre una salida, es conectar puntos heterogéneos entre sí para crear una multiplicidad (no repetir lo mismo sino lo diferente), es maquinar producción de nuevos afectos e ideas, agenciarlos.


5) ¿por qué la palabra máquina?

Por oposición a lo mecánico. La máquina tiene que ver con lo maquínico que es producción, creación, sin importar ya lo que es natural y-o artificial. Lo mecánico es representación, mimesis, repetición de lo mismo. La máquina y lo maquínico es producción de cuerpos, de fuerzas, de nuevos agenciamientos, producción constante de deseo o del desear. Quienes recuerden el encuentro del martes 17 de octubre donde comentamos el capítulo 8 de “Kafka por una literatura menor”, podrán ubicarse en los modelos o estados de las dos burocracias y sus respectivas arquitecturas (pregunta 90), pues bien, lo maquínico tiene que ver con el modelo o estado 2 (donde las oficinas, los bloques, las series eran lejanas y contiguas a través de “puertas traseras”).
Por ejemplo, los talleres literarios, la gran mayoría, suelen diseñarse según el modelo 1 (una torre central que entra en contacto con los bloques (que están cerca uno de otros pero al mismo tiempo separados) a través de un mensajero; y nuestro proyecto de taller-laboratorio-klínica está diseñado, sin embargo, según el modelo 2, que es el modelo maquínico de las mesetas, de los bloques que aunque estén separados por la lejanía (el taller como primer nivel está alejado de la klínica como tercer nivel) gracias a esas puertas traseras se vuelven niveles contiguos, se comunican (resulta muy mecánico hablar o impartir técnicas narrativas sin hablar o impartir otros temas centrados ya no en la literatura (al fin de cuentas. ¿qué es la literatura?) sino en la escritura) De ahí que sea preferible el término de “meseta” y no el de “nivel”. Lejano y Contiguo gracias a las puertas traseras en contraposición a Cercano y Separado o Distante. Lo mismo ocurre con nuestra creación, nuestra vida o forma de vivir. Toda una topografía mental del calco o el mapa, de lo mecánico o lo maquínico.

6) ¿qué desea el deseo?


El deseo desea su desear. No tiene objeto ni sujeto, es puro inconsciente, no puede ser representado, es producción, caos, es una energía que nos desborda, es producción de vida. De ahí la necesidad, dicen los autores, de ser capaces de tener un mínimo plano de organización si queremos sacar nuestra vida adelante. Por otra parte sería conveniente no confundir “deseo” y “placer”. El placer es uno de los tantos rostros que estratifican, organizan, cortan el deseo. Es como un descanso, digamos, un corte, para que el deseo no nos arrastre en su fluir constante y desmesurado. El esquizoanálisis, o nomadología, es vitalista (materialista, funcionalista, de ahí su pragmatismo) no hedonista. El deseo es flujo y el placer (o displacer) lo corta, lo rostrifica, lo codifica. El deseo se mueve (desde que existe ya al menos un mínimo plano de organización) por corte y flujo, por territorialización (corte), desterritorialización (flujo) y reterritorialización (otra vez corte). Debemos entender “reterritorialización” como una nueva “territorialización”, por tanto, otra vez seguiría la “desterritorialización”.

7) ¿por qué hablar del deseo? ¿Por qué es necesaria otra lectura del deseo?

El deseo se ha leído desde la carencia, la representación, la repetición de lo mismo, y Edipo se ha encargado de reducir cualquier problema a un asunto de familia. El deseo es una fuerza política, de ahí, la necesidad de una nueva lectura que lo ubique como producción, creación, repetición de la diferencia. La literatura menor, por ejemplo, es una fuga, un desvío, una producción de nuevos modos de expresión para nuevos contenidos, es un corte con la literatura mayor o establecida que es una literatura de amos y maestros: una literatura de mera representación, de repetición de lo mismo, de una introducción constante de la carencia allí donde no hay tal sino una singularidad por expresarse, pero la literatura mayor como un gran Edipo introduce la carencia, la castración, el fantasma, la dependencia, la culpa: ¿qué son las angustias por las influencias, los nacionalismos literarios, la formación literaria de los escritores, los talleres literarios, las normas, el aprendizaje de las técnicas narrativas, la lectura desde el código, el significante, la búsqueda siempre de un sentido (y no la pregunta por lo que funciona y cómo funciona) y qué es el cánon, y que son las lecturas arborescentes, y la obsesión por clasificar y leer desde el género o la especie y no desde los modos, es decir, leer desde una evolución genética o genérica, y no desde una evolución a-paralela que sería la que procede por contagio, contaminación, cruce, por modos?

El deseo, o el desear, es la posibilidad de agenciar nuevos territorios, de crear nuevos modos de expresión que arrastren nuevos contenidos, es producción de vida, por tanto, una nueva lectura es necesaria desde la producción y la creación, y no desde la reproducción, la queja, la repetición de lo mismo, la culpa, los modelos. Un creador, en palabras de Nietzsche, es un espíritu libre; diríamos desde la nomadología: un devenir, un deseo que no carece de nada.

Solo lo menor es grande y revolucionario porque se sustrae de esos discursos despóticos, autoritarios, significantes que introducen la culpa, la carencia, la dependencia, que introducen lo mayor o establecidos como norma, como constante. Lo menor es una variación, un desvío, una transversalidad, una sustracción.

Para saber devenir menor es necesario otra lectura del deseo diferente a la tradicional.


8) ¿qué es un deseo fascista y que es un deseo revolucionario?

El deseo fascista goza con agachar la cabeza o hacerla agachar. El deseo, o el desear como tal, no es ni revolucionario ni fascista, son los agenciamientos, las máquinas, las que lo capturan y lo territorializan y someten, o las que lo liberan y desterritorializan. La represión depende de la máquina, y no al revés. Desmontar determinadas máquinas es entonces encontrar una salida al deseo sometido o sometedor. Levantar la cabeza es un deseo revolucionario que desmonta esas máquinas y monta otras nuevas, crea nuevos agenciamientos, inventa nuevos territorios, otros modos de expresión, arrastra nuevos contenidos.

9) ¿desde donde pensar, escribir, vivir?.

Desde nuevos agenciamientos, nuevos territorios, nuevos regímenes de signos y nuevos regimenes de cuerpos. Sustraerse, tartamudear ante los agenciamientos significantes, despóticos, de dominación que hacen circular un deseo fascista. Pensar, sentir, escribir, vivir desde agenciamientos creativos, rizomáticos, revolucionarios donde la cabeza siempre esté erguida, rompa el techo.

10) ¿qué es un agenciamiento?.

Un territorio. Un territorio existencial (una persona está sobre uno o varios agenciamientos), un territorio material (el libro es un agenciamiento). El agenciamiento es una territorialidad no solamente física sino también afectiva, ideológica, cultural, política, religiosa, social, familiar, natural, artificial, es un entramado de líneas, un territorio que es un entramado de líneas. Un agenciamiento funciona en relación a otro agenciamiento, es decir, co-funciona, siempre está en relación de vecindad, y es un conglomerado, digamos, de cosas materiales, físicas, no materiales, no físicas, de ideas, afectos, creencias, de fuerzas diversas.

Un agenciamiento se compone de muchas líneas, pero tres son las principales


11) mencionar los tipos de líneas (y sus características) que forman un agenciamiento.

Un agenciamiento se compone de muchas líneas, pero tres son las principales

Líneas duras o de corte (líneas que segmentarizan, rigidizan el agenciamiento, el terriorio), líneas flexibles (que pueden devenir de corte o de fuga), y líneas de fuga (defensivas, que desterritorializan al agenciamiento, lo conectan con nuevos territorios; puede ser una línea creativa o destructiva)


12) ¿cuáles son las tres caras de un agenciamiento?.

Un agenciamiento tiene tres caras. Dos de ellas miran hacia el Plano de Organización, y son los lados de la Expresión y el Contenido.

La otra cara mira hacia el Plano de Composición y es la Máquina Abstracta.(inmanencia, campo de vida, naturaleza, afectos, intensidades presubjetivas, preindividuales)

13) ¿que es un plano de inmanencia, consistencia, composición?.

Un plano de naturaleza, el plano del deseo o el desear, el plano de las fuerzas caóticas, de la energía no formalizada, el plano de la singularidad que tiene infinitos modos de expresarse (una singularidad que es multiplicidad. La naturaleza, por ejemplo, es una sola pero tiene millones de formas para expresarse o manifestarse). Es uno de los dos planos en que dividimos un Agenciamiento, y en este plano encontramos la máquina abstracta, es la máquina abstracta como cuerpo sin órganos (CsO, la frase la toman de Antonin Artaud), es decir, como matriz del deseo o el desear. Un CsO no está sujeto a los estratos (que son tres: organismo, significancia, subjetivación), es como un territorio liberado de los estratos, un espacio liso.


14) ¿qué es un plan de organización?


El otro plano en que se divide el Agenciamiento. Es el plano donde esa materia no formalizada del plano de composición, se formaliza. Es el plano de los estratos porque el deseo o el desear se estratifica, se organiza, se expresa. Es el plano donde la Expresión y Contenido codifican aquella singularidad del plano de consistencia. Es imposible vivir sin el mínimo plano de organización. Como en todo el esquizoanálisis o la nomadología, es importante escapar de lo binario y dicotómico, y no ver ambos planos como opuestos, y es importante el funcionamiento por encima del sentido, es decir, lo más importante es saber cómo funcionan las cosas y no tanto su sentido. Esto es un protocolo de lectura del esquizoanálisis; de igual forma cuando nos enfrentamos a la obra de un autor será preferible no inventariar el tema en busca del sentido (explicaciones, interpretaciones) sino preguntarnos cómo funciona, qué importancia tiene, cómo se conecta con el afuera, qué flujos deja pasar o bloquea (aquí en todo caso tenemos una interpretación que es pura experimentación, es decir, una interpretación en intensidad)

15) mencionar y explicar los tres estratos principales del plan de organización.


Estrato de organización (u organismo), estrato de significancia, y estrato de subjetivación. El primero organiza, jerarquiza (los talleres, por ejemplo, suelen tener un estrato de organización muy rígido al imponer criterios técnicos y prácticos que organizan los textos conformes a géneros, determinadas técnicas; criterios como calcos que buscan “coherencia” “verosimilitud” “estructura”); el segundo es el estrato desde donde siempre segmentarizamos en busca de un significado, un sentido (nos interesa más el sentido que el funcionamiento de algo, ya sea un cuento, un suceso cotidiano; siempre interpretando, la interpretosis), donde siempre un Significante se convierte en centro y produce significados conforme a como han sido organizados (la familia, el estado, la patria, la literatura, la técnica, la tradición): todo ha de estar organizado y debe tener un significado. (y el esquizoanálisis o la nomadología no sólo cuestiona esto sino, por supuesto, y sobre todo, el cómo, es decir, ¿cómo se organiza todo para que tenga tal o cual significado y no otros posibles?) Por supuesto cuando se trata de un narcisista todo está organizado y debe significar en torno a sus deseos e imaginación, la realidad nace y muere en él. El narcisista, o el paranoico (que cada día gira en torno a menos y menos Significantes, arborifica y centraliza los significados y los flujos bajo el código de un Significante único, hegemónico, muchas veces su propio narcisismo) ambos (a veces se trata de lo mismo) trazan la línea dura que conforma o construye un fascismo de grupo (el líder, el maestro, el jefe). Y el tercer estrato es la manera en que construimos nuestra subjetividad, nuestros protocolos de lectura, nuestra experiencia intelectual, afectiva, racional, irracional, y por supuesto según los estratos anteriores así nuestra subjetivación quedará estratificada de una manera u otro.

16) ¿qué es un cuerpo?


Un campo de fuerzas, un campo nutritivo de fuerzas. De ahí que un cuerpo no sea solamente físico sino que existan cuerpos morales, espirituales.

En el Contenido encontramos los cuerpos, el régimen de cuerpos, en sentido reducido, las intensidades, los afectos. A esto se llama “agenciamiento maquínico” porque es donde se maquina (se produce) el deseo.

Y en la Expresión encontramos el régimen de signos, la semiótica, en sentido reducido, las ideas, la palabra. A esto se llama “agenciamiento colectivo de enunciación” porque es social, mixto.

Pero el Contenido también es social como la Expresión porque el deseo es producción social, se derrama por todo el campo social. De ahí que todo Agenciamiento sea colectivo o social en su Expresión y en su Contenido. Todo Agenciamiento es Agenciamiento colectivo de enunciación (Expresión) y agenciamiento máquino de deseo (Contenido), o lo que es lo mismo Agenciamiento maquínico colectivo.

Ambos, Contenido y Expresión forman dos de las tres caras de un agenciamiento, y ambos constituyen el plano de organización, y se reconocen como “agenciamiento maquínico colectivo” cuando entran en contacto con la máquina abstracta en el plano de consistencia y convierten al agenciamiento en una terrirtorialidad abierta al devenir, rizomática, creativa.

Un agenciamiento maquínico colectivo es la ecuación que vimos en el encuentro donde comentábamos el capítulo 1 de “Kafka, por una literatura menor”. Recordemos.


cabeza levantada o erguida
‘’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’
sonido musical (como materia sonora no formalizada semióticamente)


Esa ecuación opuesta a


Cabeza agachada
‘’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’
Foto-retrato (régimen de signos semióticamente formalizado)

(ver respuestas 35 y 36)


17) ¿cómo argumenta la frase: " nuevos cuerpos sociales, políticos, económicos, familiares, amorosos, estéticos"?.

Nuevos campos de fuerzas, nuevos agenciamientos máquinicos colectivos, muchas cabezas erguidas. Se impone otra vez una nueva lectura del deseo o el desear. Determinará mucho la manera en que seamos capaces de construir nuestro plano de organización, la manera de segmentarizar nuestros estratos. ¿Cómo organizamos, estratificamos, cómo desestratificamos? Un plano de organización demasiado estratificado impide la creación de nuevos cuerpos, de vida nueva, de encontrar salidas, así como un plano de organización demasiado desestratificado desformaliza demasiado el agenciamiento y también puede resultar mortal, autodestructivo. Los agenciamientos deben bascular lentamente, es necesaria la prudencia para desestratificar. Un CsO muy veloz, muy desestratificado puede volverse un Cso cancerígeno, fascista. Prudencia para crear nuevos cuerpos y prudencia para desformalizar cualquier agenciamiento. La prudencia para Spinoza es sabiduría. También es bueno recordar que para crear, encontrar, agenciarnos nuevos cuerpos, la producción de una máquina abstracta es necesaria porque es el plano de inmanencia, de vida, de singularidad, forma de vida irracional, inconsciente, intuitiva, afectos presubjetivos


18) ¿qué es lo que puede un cuerpo?

Nunca sabemos que es lo que puede un cuerpo hasta que no experimentemos, y aquí es necesaria otra vez, y siempre, la prudencia. La experimentación (que es, en todo caso, una interpretación en intensidad, no sujeta al significante) antes que la Interpretación (entendida como extensiva en lugar de intensiva, como mimesis y representación, como sujeta al significante). Protocolos de experiencia, nuevos cuerpos, agenciamientos maquínicos colectivos es todo cuanto necesitamos. Que nos dejen experimentar en nuestro rincón, que nos dejen expresar la singularidad que somos.


19) ¿qué son: el miedo, la fuga, y el desmontaje?

Tres pasiones, tres intensidades, tres tonos afectivos. Miedo ante el cambio, miedo cuando sentimos-sabemos que estamos atrapados, cuando sabemos que deseamos levantar la cabeza, cuando necesitamos de ese “pacto diabólico” como Kafka para escribir y vivir, para expresar nuestra singularidad. Fuga cuando emprendemos la huída. La fuga como línea defensiva, como loca esperanza por escapar, tartamudear, sustraernos. Es importante no sentirnos ni culpables ni humillados para no terminar otra vez re-edipizados, re-capturados. Fugamos hacia devenires animales, moleculares, hacia todo lo menor que es un desvío de la constante impuesta por lo mayor o establecido: así devenimos mujer, niño, negro, indio, chino, animal, molécula, hasta devenir imperceptible, es decir, poder estar en todos los sitios, no ser invisibles sino imperceptibles a todas las constantes de lo mayor o establecido. Imperceptible porque ya hablamos otra lengua, o mejor, ya hablamos extranjero en nuestra propia lengua. Desmontaje cuando ya somos capaces de crear agenciamientos maquínicos colectivos, de desmontar las máquinas que nos someten y montar otras nuevas, cuando empieza esa revolución molecular que nos liberará de los microfascismos. Por eso la crítica convencional, y peor, la crítica que termina en queja, es o son inútiles. Algo más importante que criticar o quejarse: encontrar una salida al deseo, crear, desmontar las máquinas que someten al deseo a su propia sumisión, atacar y desmontar los enunciados que nos obligan a agachar la cabeza o que nos sirven para que otros agachen la cabeza. Desmontar las máquinas siempre será más útil que criticarlas. La verdadera salida política está en el desmontaje porque busca para el deseo una salida creativa, productiva, porque la justicia es deseo, porque la represión depende de la máquina y no al revés, porque la ley depende del enunciado y no al revés. Kafka buscó salidas para sus contenidos no criticando sino desmontando las máquinas perversas de la burocracia y el totalitarismo. No olvidemos el procedimiento: mostrar en lugar de decir. ¿cómo hablar del horror y no solamente informar sobre él? Pregunta de Piglia. Kafka, mejor que nadie la ha respondido con una intensa experimentación (en sus novelas) en el desmontaje de las máquinas.

20) ¿qué es una literatura menor y cuáles son sus características?.

La literatura que una minoría hace dentro de una literatura mayor o establecida.

Tres características: Desterritorialización de la lengua (uso menor de la lengua mayor)

La articulación de lo individual (que no personal) en lo inmediato político

Agenciamiento colectivo (social) de enunciación.


21) ¿cuál es la función de la escritura?

Transcribir en agenciamientos (crear nuevos modos de expresión para nuevos contenidos) y desmontar los agenciamientos (mostrar cómo funcionan los agenciamientos establecidos o aceptados) es una misma operación: Mostar ese o esos desmontajes mientras creamos nuevos agenciamientos. El escritor como sintomatólogo se ocupa del desmontaje no de las causas que llevaron a tal o cual máquina a funcionar que es la tarea del etiólogo. Citemos textualmente a Deleuze y Guattari: “la escritura tiene esa doble función: transcribir en agenciamientos, desmontar los agenciamientos. Ambas son una vida misma cosa" (capítulo 5).

Más adelante nos dicen: "sólo vale por el desmontaje que hace de la máquina y de la representación; y al funcionar, de hecho no funciona sino por y en un mismo desmontaje. Nace de este desmontaje (a Kafka no le interesa nunca el montaje de la máquina). Este método de desmontaje activo no pasa por la crítica, que aún pertenece a la representación. Más bien consiste en prolongar, en acelerar todo un movimiento que ya está atravesando el campo social: actúa en un virtual, que ya es real sin ser actual (las potencias diabólicas del porvenir que por el momento sólo tocan a la puerta)".

Para escribir sobre lo virtual como potencia diabólica o como el pueblo que nos falta es necesario crear nuevos agenciamientos (ir de la expresión al contenido, lo propio de una literatura menor, para mostrar los nuevos contenidos, arrastrarlos), y es necesario desmontar los agenciamientos establecidos, aceptados como máquinas de representación que reprimen todo lo menor o pretenden expresarlo desde lo mayor.

22) ¿cuál es el sentido de la escritura?

Esta pregunta, por supuesto, es inseparable de la primera, de alguna manera, es la misma pregunta. Recordemos el protocolo de lectura más importante propuesto por el esquizoanálisis o la nomadología: es inútil inventariar o enfrentarnos a un tema sino nos preguntamos la importancia que tiene, es decir por el funcionamiento (cómo se conecta con otros temas, con el afuera, qué flujos deja pasar, cuáles no, etc.) antes que por su sentido. De ahí que la pregunta por la función y la pregunta por el sentido de la escritura sean, de alguna manera, la misma pregunta, y al mismo tiempo, preguntas diferentes. Según Deleuze y Guattari: "la literatura sólo tiene sentido si la máquina de expresión precede y arrastra los contenidos".


23) ¿cuál es la fórmula de la literatura menor y qué significa?

N-1. Sustraerse, tartamudear, hablar (escribir) extranjero en tu propia lengua (uso menor de la lengua mayor). N-1 no responde ya a un sujeto sino a una función (como la K universal de los relatos de Kafka), ya no se responde a las categorías tradicionales de autor-narrador, narrador-personaje, sujeto de enunciación y sujeto de enunciado. N-1 es un individuo-colectivo, un colectivo-individuo (una comunidad que puede ser virtual, y por tanto real, aunque no sea actual) nunca es un sujeto (“no es sino en relación con un sujeto que lo individual se podría separar de lo colectivo y podría encargarse de su propio problema” apuntan Deleuze y Guattari). Enunciado sin sujeto de enunciación, es decir, un agenciamiento colectivo como queja social. Habíamos dicho que escribir en primera, segunda, o tercera personas gramaticales no es más que un asunto técnico, un asunto de escoger tal o cual narrador, y aquí no nos referimos a ese procedimiento como tal, sino algo diferente, a otro movimiento que no atañe a ese procedimiento un tanto mecánico (mera representación); no referimos a un procedimiento maquínico (ya no un asunto de representación sino de producción de nuevas ideas y afectos) que compromete a la Expresión y al Contenido como parte de un territorio social o colectivo, y no como asunto de algo personal incapaz de salir de su propio narcisismo; "la literatura es cosa de pueblo", escribe Kafka.


24) ¿cuáles son las dos posibilidades para desterritorializar la expresión?.

Por sustracción o sobriedad, por una pobreza que es creadora (lectura positiva de la pobreza), y por sobredeterminación o sobreabundancia. Beckett y Joyce, Piñera y Lezama. La segunda encontrará pocas salidas políticas (se alejará del pueblo) y topará con los nacionalismos.

25) ¿por qué decimos que la literatura mayor va "del contenido a la expresión" y la literatura menor "de la expresión al contenido"?

Lo que bien se ve, bien se enuncia, de aquí parte la literatura mayor, como si la relación contenido-expresión fuese transparente, de ahí que la literatura mayor o establecida no busque nuevos modos de expresión, no cuestione o problematice la representación.
La literatura menor, por otra parte, irá de la expresión al contenido porque “por mucho que nos esforcemos en decir lo que vemos, lo que se ve nunca coincide con lo que se dice” (Foucault), de ahí que la literatura menor problematice la relación Expresión-Contenido buscando nuevos modos de expresión para enriquecer la representación. De ahí que la literatura menor se adelante como un reloj porque nuevos modos de expresión arrastraran nuevos contenidos (como potencias diabólicas del porvenir o como ése pueblo que nos falta). Nuevos modos de expresión no significa necesariamente invención léxica, tipográfica, sintáctica, sino un uso intensivo, creativo, uso menor de una lengua mayor. Dicen los autores: "cuánta invención, y no sólo léxica, el léxico importa poco, si no invención sintáctica sobria, para escribir como un perro. (Pero los perros no escribir.-Precisamente, precisamente) lo que hizo Artaud con el francés, los gritos-respiración; lo que hizo Céline con el francés, siguiendo otra línea, el exclamativo su más alto grado". (Esta cita corresponde al final del capítulo 3; por favor, leer detenidamente este capítulo una y otra vez).


26) ¿por qué, si la literatura menor es política, no debemos entenderla, sin embargo, como una crítica social?

La literatura menor es política en tanto todo problema individual es colectivo. Si la literatura es para Kafka un asunto de pueblo, ¿cómo entonces, desatender los flujos políticos y sociales que circulan fuera de la familia y de lo personal y que al mismo tiempo contaminan a la familia y el sujeto? No hay máquina deseante (Freud) sin máquina social (Marx). Pero desaparece el sujeto y lo personal cuando no referimos al individuo. Toda literatura como autoexpresión, narcisismo, o asunto íntimo, nada tiene que ver con lo individual que también es colectivo (el individuo está dentro de un campo social) sino con el sujeto y lo personal. La literatura menor es todo lo contrario.

En algunos textos, el crítico Jorge Fornet, citando a Deleuze y Guattari, nos dice que lo personal es político, atendiendo de éste modo a la segunda característica de la literatura menor. Nosotros preferimos decir quiero individual es político no que lo personal es político. Y nos apoyamos en estos autores: "la letra K ya no designa un narrador, ni un personaje, sino un dispositivo (agenciamiento) tanto más maquinico, un agente tanto más colectivo cuanto que es sólo un individuo el que se encuentra conectado a todo eso en su soledad (no es sino en relación con un sujeto que lo individual se podría separar de lo colectivo y podría encargarse de su propio problema).".

Y la literatura menor, por otra parte, no se convierte en una mera crítica social porque ésta puede formar parte todavía de la representación criticada, es decir, la literatura menor no se contenta con la queja o la crítica como parte de un juego o de una representación que a su vez necesita de esa crítica para seguir produciendo lo mismo. La mejor crítica que pueda hacer la literatura menor es el desmontaje de las máquinas y los agenciamientos despóticos, es mostrar (y no decir) cómo circula el deseo en todo un campo social, cómo circula el deseo en esos agenciamientos fascistas o revolucionarios, cómo la justicia es deseo, cómo la ley depende del enunciado, cómo la represión depende de la máquina, cómo la máquina es deseo, y cómo el deseo hace máquina en la máquina. Todo lo anterior no tiene nada que ver con una crítica social a la manera convencional, y todo lo anterior tiene que ver con lo político y no con la política, en tanto lo político es molecular, y la política es molar; de ahí que la literatura menor sea una micropolítica, una política de lo molecular, de los microprocesos.

El párrafo anterior, como en general toda la respuesta, y las respuestas 21 y 22, nos servirán, para nuestras lecturas-debates en el mes de noviembre, como protocolos de lectura.


27) ¿Cómo hace Kafka la revolución?

a) Desmontando las máquinas y los agenciamientos despóticos, autoritarios, establecidos, haciendo de este modo algo más que una “crítica” social o política.

b) Mostrando la relación Ley, Justicia, Deseo como una relación inmanente y no trascendente.

c) Adelantando la Expresión (creando nuevos enunciados) como un reloj para arrastrar nuevos contenidos (mostrar esas potencias diabólicas o ése pueblo que nos falta y que es real aunque aun sea virtual)

d)Escogiendo la sobriedad para encontrar salidas políticas, y prescindir de la sobredeterminación o sobreabundancia que puede atascarse en un nacionalismo o en un esteticismo; matar también, y de ese modo, a la metáfora y al lirismo porque al mundo, según él, hay que agarrarlo y no acariciarlo.

e) Haciendo un uso menor de la lengua mayor ya que la literatura es una imposibilidad (imposibilidad de no escribir; imposibilidad de escribir en una lengua mayor; y al mismo tiempo, imposibilidad de escribir en otra lengua que no sea la mayor) Ver pregunta 30

f) Buscando siempre conectores (puertas traseras que hagan contiguos los bloques, las series, los engranajes de la máquina a pesar de estar alejados y distantes, es decir, sabiendo leer, asociar, leyendo por modos y no por género o especie, comprendiendo que el deseo es producción social y la justicia no se deja representar por ser ella misma deseo); conectores que desterritorialicen a determinados agenciamientos, que conecten a unos agenciamientos con otros; conectores que permitan la producción de flujos maquínicos (es decir de nuevos cuerpos, de nuevas fuerzas); en sus novelas muchos personajes menores funcionan como conectores, personajes que están al lado de la hermana: las criadas, las empleadas, las asistentes, las putas, los homosexuales, todos esos personajes menores que desterritorializan a la familia por ser anticonyugales y antifamiliares.

Citemos largamente a Deleuze y Guattari, porque vale la pena cuarentas: “la expresión debe arrastrar al contenido, hay que hacer lo mismo con el contenido. La proliferación de las series, tal y como parece en "El proceso" tiene esa función. Puesto que la historia del mundo no está hecha de ninguna manera de un retorno, si no del empuje de segmentos siempre nuevos y cada vez más duros, habrá que acelerar esta velocidad que segmentarídad, esta velocidad de producción segmentaria; habrá que precipitar las series segmentarizadas, habrá que agregar series. Puesto que las máquinas colectivas y sociales realizan una desterritorializacion masiva del hombre, habrá que ir aún más lejos en este camino, hasta una desterritorializacion molecular absoluta. La crítica es completamente inútil. Es mucho más importante es aliarse al movimiento virtual, que ya es real sin ser actual (los conformistas, los burócratas, no dejan de detener el movimiento en tal o cual punto. No se trata en lo absoluto de una política de lo peor mucho menos que una caricatura literaria, a un menos de una ciencia ficción. Este método de aceleración o de proliferación segmentaria conjuga lo finito, lo contiguo, lo contiguo, y lo ilimitado. Y tiene muchas ventajas. Estados Unidos está endureciendo y acelerando su capitalismo; la descomposición del imperio austriaco y el ascenso de Alemania preparan el fascismo; la revolución rusa produce a gran velocidad una nueva e inusitada burocracia, nuevo proceso judicial en el curso del proceso, "el antisemitismo comienza compararse la clase obrera", etc. Deseo capitalista, deseo fascista, deseo burocrático, Tanatos también, todo está ahí, y toca la puerta. Puesto que no se puede contar con la revolución oficial para romper el encadenamiento precipitados de los segmentos, habrá que contar con una máquina literaria que se adelante a su precipitación, que rebase las "potencias diabólicas" antes que terminen de constituirse como americanismo, fascismo, burocracia: como decía Kafka ser no tanto un espejo como un reloj que se adelante. Puesto que no se puede hacer claramente la división entre los opresores y los oprimidos, ni siquiera entre los tipos de deseo, hay que arrastrarlos a todos a un porvenir demasiado posible con la esperanza de que esta atracción dependerá también líneas de fuga o defensa, incluso modestas, incluso temblorosas incluso y sobre todo a-significantes. Un poco como el animal que no puede sino adoptar el movimiento que lo golpea, impulsarlo aún más lejos, para mejor volver sobre uno, contra uno, y encontrar una salida" (Capítulo 6)


28) ¿cuáles son las dos tesis de Kafka sobre la literatura?

La literatura es cosa de pueblo, y la literatura se adelanta como un reloj.

29) ¿Qué significa que la literatura se adelante como un reloj?

Crear nuevas expresiones para arrastrar (mostar) nuevos contenidos. La literatura se adelanta cuando es capaz de desmontar los agenciamientos dominantes y hegemónicos. El escritor como un sintomatólogo es capaz de mostar un cuadro clínico.

30) ¿Qué significa que la literatura es cosa de pueblo?

Kakfa se plantea la literatura como una imposibilidad. Imposibilidad de no escribir (el pueblo, actual o virtual, pero ambos reales, necesita expresarse, necesita expresar su deseo, y la justicia es deseo. La literatura deja de ser un problema personal de un sujeto (no neurosis, no narcisismo) para convertirse en el problema individual-colectivo (porque es un asunto social) de toda una comunidad). Imposibilidad de escribir en una lengua mayor (no poder escribir, usar, la lengua mayor porque es la creadora de los agenciamientos dominantes, hegemónicos, despóticos, mayores que oprimen a una minoría) Imposibilidad de escribir de otra manera (pero no hay más salidas que usar la lengua mayor que es la “oficial”, la que todos entienden, usan. Encerrarse en una jerga, en un patois es también taponear la salida factual y política que habría que encontrar al problema concreto de la explotación de la minoría por la mayoría. ¿Y entonces? Kafka se ocupa entonces de desterritorializar esa lengua mayor, darle otros usos, en este caso, un uso menor, volverla intensiva, creativa, capaz de expresar nuevos contenidos, sacarla de los agenciamientos que la convierten en una lengua de papel, de ministerio, en fin, hacer delirar la lengua mayor, hablarla como si fuera una lengua extranjera, volverse un nómada, un gitano, un extranjero en su propia lengua. Tartamudear, sustraerse de los usos mayores o mayoritarios de la lengua.

31) ¿por qué el personaje K no designa a un sujeto sino a una función?

Porque Kafka subvierte la relación tradicional entre sujeto de enunciación y sujeto de enunciado, es decir, entre autor y narrador, o entre narrador y personaje, desde el momento en que compromete su enunciado con una colectividad (cuando su enunciado se vuelve social y deja de ser personal aunque siga siendo individual. Individual no se opone en este contexto a social sino a personal). Esa colectividad debe entenderse como una comunidad o un pueblo que aunque no sea actual (el pueblo tal cual, el pueblo que conocemos, tal o mas cual pueblo, ése que está ahí, que podemos señalar, nombrar) es sin embargo real porque sea virtual (es decir existe como una virtualidad y ya por esto es real aunque no sea actual. Esa virtualidad no es imaginación, no es ciencia-ficción porque ya existe; el caso de las minorías, por ejemplo, el caso de los que están fuera de la Ley, por ejemplo).

Cuando la literatura deja de ser autoexpresión, o neurosis, o un asunto personal, o un tema narcisista, cuando ya el sujeto importa poco, entonces deja ya de tener sentido hablar según las categorías tradicionales del relato. Y dejan de tener sentido porque ya no funcionan (otra vez volvemos a nuestro protocolo de lectura). Incluso el mismo concepto de “literatura” se problematiza. ¿Literatura (en el sentido tradicional) o escritura (como un nuevo sentido de la literatura; nuevo sentido por tener un nuevo funcionamiento)?

Aunque sigue importando el individuo, por supuesto; pero como tal el individuo no está solo porque pertenece a una comunidad, a una máquina social, incluso, repetimos, aunque esa comunidad o ese pueblo no sea el actual sino uno virtual, e incluso, aunque ése escritor sea él mismo ese pueblo de igual manera que un lobo son muchos lobos; pero ya ese individuo, ese autor, ese personaje, ese sujeto (no importa ya como le llamemos) es un índice, un agente, una función.

Ver también las repuestas 21, 23 y 26

32) ¿a que llamamos un uso extensivo o representativo (significante) del lenguaje, y por otra parte, a que llamamos un uso intensivo o productivo (a-significante) del lenguaje?

El primero corresponde al uso mayor de una lengua, a una lengua mayor ya estereotipada, ya agotada en su propia representación; pura mimesis, puro decir, puro discurso. La literatura institucionalizada, establecida o no, oficial o no, marginal o no, de minorías o no, pone en circulación la forma de esas expresiones y la forma de esos contenidos como teatro muerto, recicla lo mismo, se repite en su deseo que es pura represión, repetición de lo mismo. (como se habrá notado aquí llamamos “literatura institucionalizada” no necesariamente a la oficial o establecida; es decir, una literatura alternativa, de segundo grado, de frontera, que pretenda ser o representar a minorías, puede surgir ya institucionalizada o puede institucionalizarse; y lo contrario también podría ocurrir: una literatura establecida o mayor puede no institucionalizarse si deviene menor; por eso la cuestión es el uso menor, el devenir menor de una lengua; por eso la necesidad de un concepto más objetivo (como el que nos atañe) antes de hablar de literatura de minorías o literatura institucionalizada.


El segundo corresponde al uso menor de una lengua establecida u oficial. Ese tartamudeo, ésa sustracción a un uso mayor; ése hablar extranjero en tu propia lengua; ser bilingüe en una sola lengua. No hay una lengua mayor y una lengua menor, sino usos mayores o menores de una lengua. El uso menor es creativo, repite la diferencia, es intensivo porque pone la lengua a delirar, busca nuevos enunciados para nuevos contenidos; busca una salida en el lenguaje como puro deseo de creación (ya no de represión).

El primero es significante porque quiere dominar, quiere convertirse en la constante, en la norma, de ahí que sueñe con ser literatura.

El segundo sabe que es la variable de esa constante, se sustrae a la norma, sueña con ser escritura y no discurso.

33) ¿cómo explica el modelo tetralingüístico?.

En el caso de Kafka por un “puchero de lenguas”. Una lengua vernácula que es familiar, natal, rural, maternal, territorial, que marca un “aquí” (el yiddish, el checo).

Una lengua vehicular que es estatal, social, burocrática, comercial, que marca un “por todas partes” (el alemán de Praga, y en segundo plano, el inglés)

Una lengua referencial que marca un “allá” porque es la lengua de la cultura, de la academia, del saber, de la literatura (el alemán de Goethe, y en segundo plano el francés)

Una lengua mítica que marca un “más allá” y es lengua religiosa, espiritual (el hebreo)


34) ¿Por qué “el significante” es el enemigo?

Porque quiere significar, introducir la constante, imponer la norma, borrar las diferencias. Todo (nuestra escritura, nuestra vida, nuestro pensamiento) se va organizando en torno a uno o varios Significantes que nos atan, nos sujetan (nos convierten en sujetos no en individuos) y desde ahí construimos nuestra subjetividad, nuestro lugar en el mundo, nuestro sentir-pensar. El paranoico, el narcisista, el déspota, cada día tienen menos Significantes, mientras menos, mejor para ellos. Todo orden está garantizado, la repetición de lo mismo es una certeza, la vida es la rutina establecida, lo ya conocido, lo ya sabido, todo gira en torno a la Necesidad, y ciertamente tienen ellos mucha necesidad de interpretar. El déspota, el paranoico, el narcisista, necesitan, además de interpretarlo todo de acuerdo a sus deseos, de pasiones tristes.

35) ¿Cómo podemos engañar al enemigo?

Creando rizomas, muchas entradas y salidas, muchas puertas contiguas que conecten más y más series, bloques, flujos, engranajes, que siempre el límite retroceda, volver ilimitado el espacio finito. Siempre una contigüidad, y una continuidad, que el proceso del deseo no se detenga (de ahí lo positivo de un “aplazamiento ilimitado” de una “absolución ilimitada” antes que de un “perdón o absolución real o aparente”. La madriguera, el rizoma, la proliferación de las conexiones, trazar líneas y no el punto: estar allí donde menos lo imaginen y donde menos lo esperen (de ahí la importancia del secreto). Devenir esquizo: rupturas a-significantes. La vida gira en torno al Azar y no a la Necesidad como cree el paranoico, el déspota, el narcisista. No sabemos incluso de lo que somos capaces, y por eso hay que experimentar. El deseo se agencia, se produce, eso lo saben muy bien los esquizofrénicos, ellos responden a sus deseos no a sus necesidades, el deseo es ejercicio (experimentación). Para el paranoico el deseo es algo natural, responde a sus necesidades y no al deseo que siempre lo interpretan como carencia.

Se engaña al enemigo con la potencia (de vida no de muerte) del esquizo.


36) ¿Cómo desbloquear el deseo?

Buscándole salidas desde agenciamientos rizomáticos, creativos que nos ayuden a levantar la cabeza. No hacer del pasado una foto; no inventarnos un pasado que no existe. Recordar que el pasado puede ser una suma de momentos presentes, que el pasado no es lo que fue sino lo que es. No culpa, no humillación. Mapas y no calcos. Experimentar. Comprender que muchas veces es más importante el proceso que el producto. Arriesgarnos al desmontaje de las máquinas que producen represión, de los enunciados que hacen la ley y transmiten el juicio de dios, la orden del ministro del interior. Buscar conexiones, rupturas a-significantes.

37) ¿Cuáles son los dos estados o figuras del deseo?

Cabeza agachada= retrato, foto, recuerdo de infancia, calco, incesto edipico ley paranoica.

Cabeza erguida = sonido musical como materia no formalizada, memoria o bloque de infancia, mapa, incesto esquizo. Ley esquizo.

Hay un deseo de nosotros por agachar la cabeza (el deseo que goza con su propia sumisión; la eterna queja, por ejemplo) y de que otros la agachen para nosotros (someterlos, enjuiciarlos); y hay un deseo por levantarla o hacer que otros la levanten (encontrar salidas, cambiar cosas)


38) ¿Puede explicar las ecuaciones referidas en el capítulo 1 “contenido y expresión”?

cabeza levantada o erguida
‘’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’
sonido musical (como materia sonora no formalizada semióticamente)


Esa ecuación opuesta a


Cabeza agachada
‘’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’’
Foto-retrato (régimen de signos semióticamente formalizado)


Aquí encontramos los dos estados del deseo explicados en la respuesta 35. El deseo en dos estados diferentes, en dos agenciamientos que lo expresan y lo contienen de manera diferente.

(Ver también respuesta 16).


39) ¿Cuál es la diferencia entre un incesto esquizo y un incesto edípico?

Edípico falsa infancia; deseo paranoico y/o narcisista; foto-retrato; significante autoritario o despótico; representación; ciclo familiar-conyugal (no campo social) re-captura; territorialización (espacio estriado; sedentarismo; punto y no líneas)

Esquizo; Desterritorialización, fugas (espacio liso, nomadismo; líneas y no punto). Bloque de infancia, activar el presente, multiplicar conexiones, deseo esquizo y rizomático; tartamuedo y constantes rupturas a-significantes; desmontaje de la máquina familiar-conyugal, reterritorializaciones en el campo social (economía deseante). En Kafka, por ejemplo, es el deseo que hace rizoma con la hermana que está del lado de las minorías: sirvientas, putas, el lugar de ellas en las series sociales, en los engranajes máquinicos del deseo social.


40) ¿Por qué creer en una política de K que no sea ni imaginaria ni simbólica?

Porque la vida y la escritura de Kafka son una larga experimentación para buscar salidas reales (factuales) a problemas concretos. Primero, salidas como devenires animales (en busca de un “perdón aparente”) porque será preferible para él el mundo sub-humano de los animales antes que el mundo in-humano que le rodea. Salidas como fugas. Y después, salidas que pasan de la queja o la crítica a cambiar, a través del deseo que es una fuerza política, su entorno en el desmontaje de las máquinas (donde lo positivo será ahora “el aplazamiento ilimitado”).

Citemos del final del capítulo 5, página 70:

“¿De todo esto se puede deducir que al no ser "crítico de su tiempo" Kafka dirige "su crítica contra sí mismo" y que no tiene más tribunal que un "tribunal íntimo"? Es ridículo, porque se convierte a la crítica en una dimensión de la representación: si ésta no es externa, entonces no puede ser sino interna. Sin embargo, el problema es totalmente diferente: Kafka se propone extraer de las representaciones .sociales los dispositivos de enunciación y los dispositivos maquínicos; y desmontar estos dispositivos. Ya en los cuentos de animales Kafka trazaba líneas de fuga; pero no huía "fuera del mundo", sino que más bien provocaba fugas en el mundo y en su representación (en el sentido en que un tubo tiene fugas) y arrastraba a ambos por estas líneas. Se trataba de hablar, y de ver, como una cucaracha, como un escarabajo. En las novelas, con mayor razón, el desmontaje de los dispositivos provoca fugas en la representación social, en una forma mucho más eficaz que una "crítica"; y realiza una desterritorialización del mundo que en sí misma es política, y no tiene nada que ver con una operación intimista.”


41) ¿Cuáles estrategias de lucha y resistencia podría mencionar?

Esta pregunta de alguna manera ya se respondió en la 27, ¿cómo hace Kafka la revolución? Recordemos citando a estos autores: "no hay dispositivo maquinico que no sea dispositivo social de deseo, no hay dispositivo social de deseo que no sea dispositivo colectivo de enunciación". Es decir, cualquier estrategia de lucha comienzan este punto: la unidad real mínima del lenguaje no es la frase o la palabra, sino el agenciamiento. Contenido y Expresión, gestó y palabra, régimen de signos y régimen de cuerpos. ¿Qué puede ocurrir si desmontamos los agenciamientos despóticos, autor tenía itarios, significantes, y en su lugar montamos nuevas máquinas? ¿Qué ocurre si se entenderá creer tartamudeamos, vivimos y escribimos al N-1, nos sustraemos a lo dominante y establecido? ¿Qué ocurre si fugamos a devenires menores, si buscamos otros territorios existenciales experimentando, construyéndolos?


42) ¿Por qué tanto Kafka como cualquier otro escritor menor encuentra en la Expresión una salida?

Porque el lenguaje crea realidad, y puede entonces adelantarse para enunciar nuevos contenidos, nuevos cuerpos.

43) ¿Por qué desterritorializar la lengua?

Para encontrar salidas creativas, productivas, maquínicas. Salidas que siempre serán políticas por la fuerza del deseo que es un proceso en el doble sentido de la palabra (como movimiento del devenir, del azar, y como fuerza de justicia (la justicia es deseo) que se enfrentará a los enunciados creadores de la ley imperante en busca de un aplazamiento ilimitado)

44) ¿Por qué un “puchero de lenguas” y no un “sistema de lenguaje”?

Una lengua (o un uso determinado de una lengua) puede cumplir una función en un caso y otra función en otro. Cada función de lenguaje se divide a su vez, lo que crea centros de poder. Recordemos que en nuestra Klínica “lengua” y “lenguaje” son sinónimos. Como tal el lenguaje es lengua y habla, pero nosotros no estamos reparando en estas categorías tradicionales de la lingüística. Por una parte nos referimos al lenguaje como lenguaje escrito y además como sinónimo de lengua. En esta pregunta lo que queremos resaltar es que un “puchero” es un territorio con fronteras móviles, ambiguas, cuyas formas de expresión corresponde al ejemplo de “sonido musical” como materia aun no formada semióticamente, como pura materia sonora, y este territorio es propicio para usos menores por la posibilidad de introducir “variables” dentro del patrón de un sistema que se conforma como tal a partir de las “constantes

45) ¿Qué es lo único que permite definir una literatura popular, marginal, gay, feminista, étnica, en fin, una literatura de minorías?

Un concepto más objetivo: el de literatura menor


46) ¿Por qué lo individual es político?

Porque también es social (no hay máquina deseante sin máquina social). La familia tiene puertas por donde desean irrumpir las fuerzas diabólicas del exterior, como diría Kafka. ¿Cómo es posible separar lo individual de lo colectivo, de lo social? Lo individual es también un asunto de grupo, colectivo, comunidad, y de pueblo, incluso, no olvidemos, aunque ese grupo, colectivo, comunidad, pueblo sea virtual; lo que deberíamos recordar siempre es que la nomadología no lee solamente desde lo macro o molar sino que hace sobre todo lecturas mínimas, moleculares, y al mismo tiempo lecturas transversales y rizomáticas fugando así de toda visión arborescente, es decir, esas palabras de pueblo, comunidad, colectivo, incluso, ese manoseado concepto de “conciencia nacional” adquieren otras connotaciones bajo la lupa microscópica de la nomadología o esquizoanálisis.

47) ¿Por qué hay disyunción entre Contenido y Expresión?

“Por mucho que nos esforcemos en decir lo que vemos, lo que se ve nunca coincide con lo que se dice”. Por otra parte, el lenguaje no es la vida pero le da órdenes a la vida. Contenido y Expresión son dos caras que forman un plano de organización (plano de los estratos) dentro de cualquier Agenciamiento y aunque mantienen una relación de correspondencia no son mantienen una relación de identidad. Fuera de los ejemplos de los Agenciamientos lingüísticos como tales, muchas veces vemos que el Contenido se adelanta en el sentido de que aparecen nuevos cuerpos, nuevas composiciones de fuerzas (físicas, no físicas, afectivas, naturales, artificiales, materiales, morales, etcétera) y la Expresión no puede enunciar, no puede formalizar ese nuevo contenido sino actualizando su semiótica. Habíamos puesto el ejemplo del amigo que crea una nueva, diferente, y nada común relación amorosa, y no sabe cómo nombrar ese contenido que ha aparecido. No puede nombrar según los enunciados que ya conoce, los ya formalizados por y dentro del campo social, debe entonces “inventar la palabra” como dice Kafka: “la palabra no la veo, la invento”. El lenguaje se adelanta con sus consignas; puede, como el león en el ejemplo de Canetti, en su rugido, en su consigna, ser una señal de muerte o de fuga. Cada consigna (cada rugido del león), cada enunciado, es una consigna o enunciado de muerte, es una pequeña muerte, pero al mismo tiempo es una fuga. La literatura menor (cada obra como un agenciamiento lingüístico que es) se adelanta enunciando, va de la Expresión al Contenido. En síntesis: escribir con nuevas consignas, produciendo nuevas consignas, nuevos enunciados.


48) ¿Qué es la neurosis, desde una lectura deleuzeana, y su relación con Edipo?

La neurosis es el devenir que ha sido interrumpido, el deseo que ha sido bloqueado, ese cuerpo (contenido) sometido a los signos, a la semiótica (expresión) que le obliga a agachar la cabeza. La neurosis crea a Edipo, no al revés. El gran aporte del sicoanálisis al capitalismo (o a la capitalística, habíamos dicho para ser más precisos) según Deleuze y Guattari, es el complejo de Edipo, haber introducido la carencia en el deseo, o en el desear, allí donde sólo hay, en realidad, producción, se introdujo la representación de un drama familiar, se redujo todo al sucio secretito de familia. El deseo circula en el campo social (según los agenciamientos como deseo revolucionario o deseo fascista) y cada niño se va componiendo su propio mapa que la familia intenta deshacer.


49) ¿Puede explicar cómo Kafka pasa de un Edipo neurótico a un Edipo paranoico y que se obtiene de este procedimiento?

Pasa de un Edipo a otro, caricaturizándolo, amplificándolo hasta el absurdo bajo un microscopio (que es su máquina de Expresión), lo convierte en una comedia en vez de una tragedia aunque tenga que fingir (y finge), pero la necesidad de un “pacto diabólico” (no se trata para él de un asunto de sinceridad o no, de buscar un sentido, sino de puro funcionamiento: buscar salidas para escribir) le ayudará a fuga, a crear su hueco desde donde poder convertirse en la “máquina célibe”, antifamiliar y anticonyugal. Al desterritorializar a Edipo en el mundo, y no reterritorializarse en la familia, Kafka conecta su problema familiar en un problema sociopolítico que atañe a toda una generación de checos que tuvieron que bajar la cabeza y que ahora le exigen a sus hijos que hagan lo mismo. Citemos a Deleuze y Guattari: “el problema con el padre no es cómo volverse libre en relación a él (problema edípico), sino cómo encontrar un camino donde el no lo encontró". Por otra parte recordemos que lo exterior es un interior proyectado, y que lo interior es un exterior proyectado. En este contexto surgen posibles preguntas: ¿cómo nos ubicamos, después de todo este asunto familiar-social, frente a nuestra literatura, y frente nuestra vida? ¿La literatura es parte de nuestra neurosis (problemas) personales? ¿Qué es la literatura, que es un escritor, cuál es la función de la literatura?


50) ¿Cómo entender qué son “las potencias diabólicas” según la frase de Kafka?

El afuera, lo social, las fuerzas que irrumpen en la familia, la ley.

51) ¿Cómo entender el devenir-animal frente a las “potencias diabólicas?

Como fuga, como salida política a lo inhumano de esas potencias. Los devenires siempre son minoritarios porque se sustraen a la constante de lo mayor o de la mayoría. Se deviene animal, niño, mujer, molécula, se deviene imperceptible. Una mujer o un niño o un animal no son devenires menores como tales porque bien podrían estar atrapados en la constante de una mayoría (hay que hablar de “modo”, no de “especie” o “género” ¿en qué se parece un caballo de trabajo a uno de carrera, y al mismo tiempo en qué se parece a un buey? Recordemos esto) Por tanto una mujer ha de encontrar su devenir mujer como un niño ha de encontrar su devenir niño, un indio o un negro su devenir indio y su devenir negro respectivamente. ¿Cuántas minorías no sueñan con ser mayoría u “ofrecer sus servicios” a una mayoría?

52) ¿Por qué el devenir no es una imitación?

Imitar, identificarse, todavía es un problema edípico. El devenir es posible estando abierto al azar, siempre abierto a la felicidad de los encuentros. Quien enfrenta y vive abierto al devenir sabe producir con lo que encuentra, sabe buscar salidas, sabe trazar líneas y no quedarse reterritorializado en un punto, capturado en una fatalidad, una queja, o dependiente de las necesidades. El devenir es una captura del código o los códigos del Otro, un paso de vida, un entremedio. El devenir es un paso de vida que suma a través de la conjunción “Y”, y no resta a través de la disyuntiva “O”. No se trata de ser “esto o aquello” sino “ser esto y aquello”, terminar de una vez con las máquinas binarias y dicotómicas: hombre o mujer, homosexual o heterosexual, rico o pobre, blanco o negro, escritor realista o escritor no realista. Cualquier imitación está atrapada en un modelo, aún es demasiado edípica, no se ha sustraído. El devenir es una fuga hacia nuevos territorios, otros modos de pensar y sentir.

53) ¿Qué es la reterritorialización horizontal o complementaria?

No hay desterritoirialización de un solo término, al menos deben haber dos términos, uno nunca se desterritorializa solo. El devenir es un paso de vida, de ideas (expresiones), de afecto (contenidos) entre por lo menos dos términos, una captura de códigos, un trasvase.

54) ¿Qué es la reterritorialización vertical?

Como la anterior, es otra proposición maquínica, en este caso, aquí el menos deterritorializado de dos términos, fenómenos, agenciamientos, se reterritorializa en el más desterritorializado.

55) ¿Cuál otra “proposición maquínica nombramos en los encuentros?

Una tercera: saber diferenciar “velocidad” de “intensidad”. El más rápido no es necesariamente el más intenso o el más desterritorializado. Dos elementos pueden actuar simultáneamente a diferentes velocidades, y el más rápido, puede conectar su intensidad al más lento, o al revés. El más lento podría ser el más intenso. La velocidad, por ejemplo, puede estar mirando a un estrato (al de organización u organismo), y la intensidad puede estar mirando, desterritorializando otro estrato (al de significancia, por ejemplo).


56) ¿Cuál sería ese “problema más elevado” que nos ayudaría a encontrar una salida a los “problemas animales” (a la fuga hacia un devenir-animal, se entiende), y gracias al cual podemos resistir cualquier re-edipización, o no quedarnos en una crítica que puede ser parte aun de la representación criticada, es decir, que no pasa de ser una queja?

El problema más elevado es “el desmontaje”. Es necesario no sentirse ni culpable ni humillado, y al mismo tiempo saberse parte de la máquina. Conseguir el “aplazamiento ilimitado” antes que un “perdón aparente”. Conseguir también el desmontaje y no la destrucción de la máquina: encontrar salidas, adyacencias, fugas, desterritorializaciones. El problema más elevado es comprender que la Ley no se retira a una trascendencia sino que está en el cuarto de al lado, (la contiguidad, las puertas traseras) entre pasillos, entre bambalinas, y no en la tribuna donde se discuten problemas de ideología. Todo un asunto de “micropolítica”, todo un asunto “molecular”, de saber conectar bloques, series. El enunciado hace a la ley, no al revés. La represión forma parte de la máquina, no al revés.

57) ¿Cómo explicar la “salida política”, tanto de Lezama en el texto “Muerte de Narciso”, como de Guillén con sus poemas de “Motivos de son”?

58) ¿Cómo Guillén evita, pese al uso vernáculo de la lengua en “Motivos de son”, caer en fórmulas o estereotipos costumbristas, en caricaturas folclóricas?

59) Partiendo de que el esquizoanálisis o la nomadología es una pragmática, una experimentación constante, recordemos entonces que la pregunta por el cómo (relacionada con la expresión, los procedimientos, el funcionamiento) es importante, entonces ¿cómo fugar?

Kafka necesitó de un “pacto diabólico” (las cartas) ante el miedo y la inseguridad de no poder escribir por sus problemas familiares y personales, y ante la literatura planteada como un imposible (ver pregunta 30). Es preciso fugar sin culpa y sin humillación (el miedo es comprensible, forma parte de la fuga), es preciso comprender al deseo como plenitud y no como carencia, a la justicia como deseo, a la ley como derivado de un enunciado, y no al revés (“la ley está escrita en un libro pornográfico” escriben Deleuze y Guattari), comprender a la represión como parte de la máquina y no al revés. Necesitamos nuevos mapas, y saber componer mapas en lugar de calcos, salirse del ciclo familiar-conyugal, amplificar a Edipo, desterritorializarlo en el mundo (respuesta 49). De ahí que sea importante el tema de la Ley (del Estado, la familia, la literatura, el Canon, la tradición, cualquier tradición, nuestras propias leyes personales: hay que comprender las reglas para intentar cualquier fuga). Hay fugas en intensidad. El nómada es quien emprende una fuga tras otra, quien intenta poblar el desierto aun cuando no se mueva. Recordemos que Kafka fuga en su recámara como Lezama en su casa de Trocadero 162 con todos sus “pactos diabólicos” que se inventa. Pero inseparable a la fuga, como su propia condición, como parte del proceso, no debemos olvidar que sin experimentar no hay de por sí proceso ni posibilidades de fuga. Experimentar en nuestro propio rincón. Experimentar y no interpretar. En todo caso, interpretar en intensidad que es la mejor manera de interpretar y experimentar: se trata de lo mismo en un solo y único movimiento. Kafka experimenta a fuerza de sobriedad como Lezama a fuerza de sobreabundancia, pero no dejan de experimentar, de construir sus cuerpos sin órganos. Es una cuestión de vida o muerte. ¿Cuántas veces no hablamos una lengua que no es nuestra y vivimos en un deseo que no nos pertenece? Y en cuanto a la literatura, comprenderla y experimentarla como creación y no como ejercicio de nuestro narcisismo.

60) ¿Cuáles salidas se oponen a la hegemonía de “las potencias diabólicas”?

N-1, sustracción, desvío, tartamudeo, devenires siempre como devenires menores, pactos, fugas, desmontaje

s, cuerpos sin órganos, deseo o desear como ejercicio, plenitud y funcionamiento, experimentar, ser un rizoma, un lobo, muchos rizomas, una manada de lobos, ser el gitano, el extranjero en nuestra propia lengua, el nómada que no se mueve, la molécula imperceptible.


61) ¿Cómo fugar del narcisismo en que suelen caer determinadas literaturas o al menos muchos modos de expresión?

Pregunta cuya respuesta está contenida en todas las anteriores.


62) ¿Por qué opusimos “escritura” a “literatura”?


La escritura se vive como deseo o desear, como experimentación, como nuevos enunciados que arrastraran nuevos contenidos, como proceso maquínico, como si ella misma fuese “un espíritu libre” en palabras de Nietszche. La escritura siempre está abierta al devenir porque tiene que ver con lo informe, lo inacabado, con las potencias que desconocemos; la escritura como espacio liso y como un paso de vida.

La literatura es ya convención, institución, reglas, normas, discurso, ley.


63) ¿Puede explicar un “mapa-Kafka”, “la experimentación-Kafka”, “los protocolos de experiencia-Kafka” a través de los tres componentes de su máquina de expresión: cartas, cuentos, novelas?

Cartas: pacto diabólico, miedo, narcisismo, problemas familiares y personales, desterritorialización de Edipo, sujeto de enunciación y sujeto de enunciado como desdoblamiento o intercambio (¿cómo hablo de mi?) Kafka aun cree en las categorías tradicionales de autor-narrador, o narrador-personaje, y toda la culpabilidad cae sobre el sujeto del enunciado como puro procedimiento narrativo (como en la Carta al padre donde le da la voz al padre: ¿no es la ficción el lugar donde otro es el que habla?) y de esta forma la culpabilidad deviene movimiento ficticio. En las cartas, la debilidad y la culpa recaen en el sujeto de enunciado; la fuerza la extrae Kafka del uso del sujeto de enunciación. (capitulo 4 pág. 51)

Cuentos: enfrentar la realidad, buscar salidas, inventar fugas, vivir devenires animales (será preferible lo sub-humano a lo inhumano), pero la posibilidad de ser reedipizado o recapturado puede taponear las fugas si aun nos sentimos humillados y culpables, si aun esperamos el “perdón aparente”. Todo devenir es menor y es una salida política pero puede conducir a callejones sin salidas y a huecos negros. La fuga es una “loca esperanza”. ¿Qué la fuga sino el deseo de vivir y hablar de otra manera? En los cuentos, superado ya el narcisismo de las cartas, se trata justamente de crear: la literatura o la escritura no es la autoexpresión de nuestros problemas personales.

Desmontaje: Mejor que la queja o la crítica, el desmontaje. Ya hemos aprendido a negociar, ya sabemos lo positivo y lo funcional de un “aplazamiento ilimitado”. Aquí podemos constatar la fuerza política del deseo como creador de otras realidades, otros territorios. Crear agenciamientos maquínicos a través de una lectura positiva del deseo o el desear, a través de la sustracción y el tartamudeo. El deseo entendido ya como proceso (siempre en los dos sentidos de la palabra).


64) ¿Cuál es la interpretación inferior (neurótica) según Deleuze y Guattari?

Toda interpretación inferior (neurótica) insiste en el lado trágico o angustioso así como en el lado apolítico. El genio convertido en tormento, siempre en “problema individual”. Dicen estos autores: “aquellos que no los lean con muchas risas involuntarias y escalofríos político lo deforman todo” (se refieren a Kafka, Beckett, Nietzsche, aunque, por supuesto, es extensible a muchos autores, por ejemplo, podríamos citar en Cuba a Piñera).

65) ¿Por que K no se inscribe en la teoría racional de la inversión de la ley creada por Kant?

Kafka, con un humor tremendo, desmonta la máquina ley. Muestra el desmontaje sin maniqueísmo y desviándose de una crítica de denuncia al estilo más convencional. Mostrar el deseo como proceso será un ejercicio más efectivo tanto desde lo narrativo (técnicamente explotando al máximo las funciones principales del narrador, )omo desde lo quer solemos llamar “lo conceptual”. De ahí que no encontremos “ideología” en Kafka y justo esto lo convierte en un gran escritor. Sólo lo menor es grande y revolucionario, dicen Deleuze y Guattari, y podemos agregar que fugar de toda ideología es un ejercicio menor como protocolo de experiencia, como pragmatismo que busca salidas concretas y no sacrifica la propia vida a un ideal o a una utopía.

66) ¿Qué es la culpabilidad?

Capítulo 5, página 68: “la culpabilidad nunca es otra cosa que el movimiento aparente donde los jueces e incluso los abogados nos arrinconan para impedirnos hacer el movimiento real; es decir, para ocuparnos de nuestro propio problema”. Por esta razón toda idea de culpabilidad debe ser rechazada desde el mismo principio del proceso, y lo que podemos intentar (como salida positiva) es plantarnos siempre el “aplazamiento ilimitado” en vez del “perdón aparente” que nos sujeta a la dicotomía “ley versus deseo”. En realidad la justicia es deseo, y la ley depende del enunciado, de ahí la necesitad encontrar, construir, plantearnos las puertas traseras que nos permitirán oponer lo “lejano” a lo “distante o separado”, y ya no “lo lejano” como opuesto a “lo cercano”, y al mismo tiempo, esas puertas contiguas nos darán la posibilidad de volver ilimitado un espacio finito.

67) ¿Cuál protocolo de lectura nos propone el esquizoanálisis o la nomadología frente a determinado tema de un autor, es decir, desde donde leer los temas propuestos?

Frente a un tema: preguntarnos por lo más importante: el funcionamiento de ese tema o asunto en la propia obra, antes que su sentido. ¿Con qué se conecta? ¿Cómo se conecta? ¿Cómo hace rizoma con el Afuera? ¿Cómo y desde dónde se maquina? ¿Cuáles flujos deja pasar y cuáles no? Citemos otra vez: “(…) la enunciación y el deseo son una y la misma cosa, por encima de las leyes, de los Estados, de los regímenes. Sin embargo: enunciación siempre histórica, política y social. Una micropolítica, una política del deseo, que cuestiona todas las instancias”.


68) ¿Por qué defender las interpretaciones realistas y sociales de Kafka?

Porque son las más cercanas a una no-interpretación. Recordemos por otra parte el encuentro donde hablamos de las “malas lecturas realistas”, del pacto ficcional, la verosimilitud, la lectura desde los prototipos. Una “buena interpretación realista” no reduce la obra a una explicación de y desde determinados “principios” o reglas como fórceps. Una buena interpretación realista es una lectura mínima, micrológica, que busca intensificar los flujos en lugar de cortarlos en su habitual codificación categorial, referencial, puro calco o explicación mecánica. La buena interpretación realista es una lectura maquínica que parte del protocolo de lectura descrito en la respuesta anterior (la 67) y lo vuelve intensivo, productivo, creativo: interpretación en intensidad, proliferación de mapas, experimentación con el texto.


69) Argumentar la frase: “La represión no pertenece a la justicia sino a condición de ser ella misma deseo”

La ley depende del enunciado, no al revés. La represión depende de la máquina, no al revés. La máquina es deseo. Es decir, podemos hablar de un deseo de represión (reprimir o ser reprimido) en dependencia de los enunciados que se maquinen.


70) ¿Por qué la justicia no se deja representar?

Porque es deseo, y el deseo es fábrica, producción, experimentación, no teatro ni representación ni interpretación. Si pensamos que la justicia se puede representar, o que la Ley no es un enunciado práctico, estaríamos aun atrapados en la dicotomía Ley versus Deseo y dentro de un espacio infinito, limitado y discontinúo que es el estado del perdón aparente.

71) ¿Puede explicar la diferencia entre la política y lo político?

En la Klínica acodamos relacionar lo macro, lo molar con la política; y la política con lo que sucede o transcurre en la tribuna como ideología. Y lo micro, molecular con lo político que muchas veces (no siempre) transcurre o sucede de manera transversal, oblicuo, al sesgo. El fascismo como ideología de estado, por ejemplo, y el microfascismo a nivel de lo social, de grupo, de individuo.


72) ¿Puede explicar el deseo como proceso?

Perdón real: sería el fin del proceso mismo, la abolición o muerte del deseo mismo.

Perdón aparente: un flujo de deseo por un contraflujo de represión; una fuga por una captura. Ciclo crisis-compromiso. El miedo y la fuga le pertenecen. Dicotomía Ley versus Deseo. Espacio infinito, limitado, discontinuo. Siempre la reedipización.

Aplazamiento ilimitado: Corresponde a la tercera pasión: el desmontaje. Encuentra una salida a la oposición Ley-Deseo al crear un agenciamiento maquínico de justicia como deseo o desear finito, ilimitado y contiguo.


73) ¿Por qué es importante el tema de la Ley para los escritores?

En este tema se cruza lo político y la política, lo molecular y lo molar, la lengua privada y la lengua pública, la ficción del escritor (como relato íntimo o popular: desvío, menor) y la ficción del estado (mayor o establecido). Las nuevas subjetividades, los nuevos territorios existenciales, las nuevas poblaciones, en fin, el pueblo que nos falta: ¿cómo pensar o escribir sobre todo esto sin atender-entender el tema de la Ley? Entender el tema o asunto de La Ley es entender el la justicia como deseo y el deseo como proceso ilimitado (de vida, de escritura, de creación).

74) ¿Cuáles son las preguntas que desde una perspectiva esquizoanalítica o nomadológica deberíamos hacernos frente a un Agenciamiento?

Lo más importante siempre es preguntarse por el funcionamiento antes que por el sentido, de ahí que la primera pregunta sea ¿cómo funciona el Agenciamiento, qué función asegura?
Luego entonces podemos respondernos las otras: ¿en qué consiste, cuáles son sus elementos y conexiones o relaciones?

Recordemos, citando a los autores, el protocolo de lectura más importante del esquizoanálisis o la nomadología: “Es totalmente inútil inventariar un tema en un escritor si no se pregunta qué importancia tiene en la obra, es decir, exactamente cómo funciona (y no su “sentido”). En este punto es conveniente recordar los diez protocolos de lectura distribuidos para nuestras sesiones de noviembre.

75) ¿Cuándo desaparece la “triangulazación edípica?

Cuando aparece la máquina social con su economía deseante (el deseo es producción social; el deseo se derrama sobre un campo social; las cargas eróticas son a su vez cargas sociales y a la inversa). Fugar y desmontar el “sucio secretito de familia”.

76) ¿Cómo se producen las máquinas?

Las conexiones son las que hacen posible la existencia de las máquinas. De ahí la importancia del modelo, del mapa, de la topografía rizomática con sus conexiones heterogéneas y múltiples, siempre a-significantes. Una máquina se conecta a otra para cortar y-o producir flujos, para seguir maquinando deseo. El deseo no deja de hacer máquina en la máquina. Es más, la máquina es deseo, de ahí que la represión dependa de la máquina y no al revés, es decir, la represión depende en realidad de un deseo se agachar o hacer agachar la cabeza. Si hay una máquina fascista es porque hay un deseo fascista de agachar o hacer agachar la cabeza. Citemos textualmente: “La distribución de los opresores y de los oprimidos, de los represores y de los reprimidos, se deriva de cada estado de la maquina, y no al revés”. Donde dice “estado de la máquina” podemos agregar o sustituir por “estado del deseo”. (ver respuestas 69, 70, y 72)

77) ¿Cuáles son los dos polos, estados, del deseo?

El deseo paranoico y el deseo esquizo. Dos estados coexistentes del deseo. Dos estados de la ley, dos estados, polos, o momentos de la máquina. El paranoico con su ley trascendental, y el esquizo con su ley inmanente.

78) ¿por qué Kafka no quiere el lirismo y el esteticismo, por qué su deseo de matar la metáfora?

Hay que agarrar el mundo (la realidad) y provocarle fugas, y el lirismo, para Kafka, es huir del mundo idealizándolo, sentimentalizándolo, acariciándolo, cerrando las salidas políticas como las verdaderas salidas factuales.

79) ¿cuál es la función de los conectores, y qué son?

Función: aumentan las conexiones del deseo. Y son los puntos de contacto, de engranaje que determinan la proliferación de las series (los flujos, por ejemplo). A través de ellos se está en contacto con el proceso, y permiten asimismo la continuidad del proceso mismo. Puertas traseras que hacen contiguos los bloques y series a pesar de estar lejos uno de otros.


80) ¿cuál es la fuerza subversiva de una literatura menor?

Citemos: “cualidades menores de personajes menores, en el proyecto de una literatura que se quiere deliberadamente menor y que saca de ahí su fuerza subversiva”. Remitimos al capítulo 7, “los conectadores” para mayor claridad.



81) ¿puede explicar los diagramas del capítulo 8 a partir de lo “cercano y distante” (o separado), y lo “lejano y contiguo”?


Estado 1: Burocracia imperial china. Espacio infinito, limitado, discontinuo, donde lo lejano se opone a distante (o separado), y lo contiguo se opone a cercano. Las puertas contiguas permiten comunicar los bloques y series. Ley esquizo.


82) “¿en qué sentido el enunciado es siempre colectivo incluso cuando parece emitido por una singularidad solitaria como la del artista?”


Esta pregunta aparece entrecomillada porque es extraída textualmente del libro, de su capítulo 9, ¿Qué es un dispositivo? (agenciamiento). Hemos optado también por transcribir la respuesta tal como ellos la formulan.


Es que el enunciado nunca remite a un sujeto. Tampoco remite a un doble, es decir, a dos sujetos de los cuales uno actuaría como sujeto de la enunciación y el otro como función o sujeto del enunciado. No existe un sujeto que emite el enunciado, ni un sujeto cuyo enunciado sería emitido. Es cierto que los lingüistas se sirven de esta complementariedad, la definen de una forma más compleja y consideran “la huella del proceso de enunciación en el enunciado” (los términos del tipo yo, , aquí, ahora). Pero, de cualquier manera que se conciba esa relación, nosotros no creemos que el enunciado pueda ser relacionado con un sujeto, desdoblado o no, dividido o no, reflejo o no.

Volvamos al problema de la producción de nuevos enunciados: y al problema de la llamada literatura menor, ya que ésta, como hemos visto, se encuentra en la situación ejemplar de producir enunciados nuevos. Ahora bien, cuando un célibe o una singularidad artista puede producir un enunciado no lo hace sino en función de una comunidad nacional, política o social, incluso si las condiciones objetivas de esta comunidad no están todavía dadas, por el momento, fuera de la enunciación literaria. De ahí las dos tesis principales de Kafka: la literatura como reloj que se adelanta y como un problema del pueblo. La enunciación literaria más individual es un caso particular de enunciación colectiva. “


83) ¿cuándo podemos decir que un enunciado es literario?


Continuando con la respuesta anterior, y en el mismo punto donde estos autores prosiguen su exposición, es muy importante esta pregunta justo para comenzar las lecturas en este proyecto de taller-klínica.

Incluso podríamos decir que esta pregunta nos ubica frente a lo que hemos llamado “protocolos maquínicos de lectura”.


Citamos: “Un enunciado es literario cuando lo “asume” un célibe que se adelanta a las condiciones colectivas de la enunciación. Lo que no quiere decir que esta colectividad, aún no dada (para bien o para mal), sea a su vez el verdadero sujeto de la enunciación, ni siquiera el sujeto del cual se habla en el enunciado: en ambos casos, se caería en una especie de ciencia ficción. La colectividad no es un sujeto, ni de la enunciación, ni del enunciado, de la misma manera que el célibe tampoco lo es. Pero el célibe actual y la comunidad actual –ambos reales- son las piezas de una agenciamiento colectivo. Y no basta con decir que el agenciamiento produce el enunciado como lo haría un sujeto; él en sí mismo en un agenciamiento de enunciación en un proceso que no permite que ningún sujeto sea asignado pero que permite por ello mismo marcar con mayor énfasis la naturaleza y la función de los enunciados, puesto que éstos no existen sino como engranajes de un agenciamiento semejante (no como efectos, ni como productos).


Por eso es inútil preguntarse quién es K. ¿Es el mismo en las tres novelas? ¿Es diferente en sí mismo en las tres novelas? A lo sumo se podría decir que Kafka, en sus cartas, usa totalmente el doble, o la apariencia de los dos sujetos, el de la enunciación y el del enunciado: pero no lo hace sino por juego, en el plan de una extraña empresa, y volviéndolos enormemente ambiguos para que sea difícil distinguirlos, ya que lo único que le preocupa es borrar la pista y hacer que se intercambien sus respectivos papeles. En los cuentos, es el agenciamiento el que ya toma el lugar de todo sujeto. Pero una máquina trascendente y cosificada, que conserva la forma de un sujeto trascendental pues un devenir-animal que ya suprime el problema del sujeto, pero que sólo interpreta el papel de índice del agenciamiento; o es el devenir-colectivo (el pueblo de los ratones, el pueblo de los perros). Kafka, en su pasión por escribir, concibe explícitamente los cuentos como contrapartida de las cartas, como medio de conjurar las cartas y la trampa persistente de la subjetividad. Pero lo cuentos en este sentido siguen siendo imperfectos, simples peldaños o descansos de una noche en los proyectos de novelas donde Kafka alcanza la solución final, verdaderamente ilimitada: K no será un sujeto sino una fundación general que se multiplica en sí misma, y que no deja de segmentarse ni de huir por todos los segmentos. Pero todavía es necesario precisar a cada una de estas nociones. Por un lado. “general” no se opone a individuo; general designará una fundación, el individuo más solitario tiene una función tanto más general cuanto que se conecta con todos lo términos de las series por las cuales pasa. En El proceso, K es banquero, y en este segmento, está en conexión con una serie de funcionarios, de clientes, y con su amiga Elsa; pero también es arrestado, en conexión con inspectores, testigos y con la señorita Burstner; y es acusado, en conexión con Titorelli y las niñitas… no hay mejor manera de decir que la función general es indisolublemente social y erótica; la función es a la vez el funcionario y el deseo. “


Larga cita que nos deja claro algunos puntos, entre ellos el de la multiplicidad de voces, la producción de deseo en un campo social (economía deseante), la problematización de las categorías tradicionales de autor-narrador, narrador-personaje; también nos deja claro el asunto que habíamos mencionado en uno de nuestros encuentros: por un lado el narcicismo como expresión de una subjetividad (en el caso de K, las cartas), y el de la creación (la literatura, la escritura) por otro.


84) ¿qué es la máquina abastracta?


Repasar las respuestas de la 5 a la 15. Ahora agragamos.


La máquina abastracta es el plano de inmanencia, de composición, de consistencia por oposición al plano de trascendencia, de organización, de desarrollo, que es el plano de los estratos donde encontramos la Expresión y el Contenido como dos caras de las tres que tiene un agenciamiento.


La tercera cara es precisamente la máquina abstracta como campo de inmanencia, de naturaleza, de caos, de energía, de deseo; es justamente el plano del deseo o el desear, un cuerpo sin órganos (sin estratos), un territorio donde todo es producción (de un desear finito pero ilimitado y continuo), donde todo es plenitud (no hay carencia), donde todo es ejercicio y funcionamiento (experimentación y no explicación ni interpretación).

Desear finito porque, por ejemplo, en el caso de un individuo, la muerte pone fin a su existencia como proceso, pero ilimitado porque en ese espacio-tiempo de vida, el individuo puede alcanzar, producir ilimitados estados.


Un agenciamiento: dos planos con tres lados: Plano estratificado (de los estratos) con dos lados (Expresión y Contenido); y Plano no estratificado con u lado (máquina abstracta).


La máquina abstracta es singular y creativa.


Abstracta no en el sentido común. No es una Entelequia, nada que ver con las ideas platónicas, no son trascendentes ni universales; sin inmanentes y singulares (creativas). “Aquí y ahora; reales aunque no concretas, actuales aunque no efectuadas. Por eso las máquinas abstractas están fechadas y tienen nombre (máquina abstracta-Einstein, máquina abstracta-Webern, pero también Galileo, Bach o Beethoven, etc.) No es que remitan a personas o momentos efectuales, al contrario, son los nombres y las fechas los que remiten a las singularidades de las máquinas, y a su efectuado.”


Las máquinas abstractas actúan en agenciamientos concretos y se definen por su capacidad de descodificar y de desterritorializar. Abren el agenciamiento a otros agenciamientos.